Errores
Volví a metir la pata, otra vez, y hoy tocaba arreglarlo, salvar la parte del barco que no estuviese hundida aún, ya que es imposible volver el tiempo atrás para tomar otro camino. Tocaba colgarse un grillete más en el tobillo que lastre el futuro, si existe, como penitencia por la nueva equivocación, como un nuevo obstáculo que dificulte aún más el fin anhelado, si es que algún día llega.
¿O vale más perderse en equivocaciones y errores dando por hecho que nunca sucederá nada? ¿Que más da romper las piezas del puto puzzle si al fin y al cabo nunca encajarán?
Ya sea por exceso o por defecto, yerro una vez tras otra, a veces tengo la sensación de que los errores van pasando y quedándose conmigo, y aún otros que no han llegado, llaman a la puerta ya para no perder turno. Y cuantas veces tendré que pedir perdón, cuantas penitencias que pasar si algún día todo cambia. Yo mismo incumplo la promesa que más me importa.
Justo después de mi error, caminé por la calle desierta de madrugada, y me sentí como un niño pequeño que quería buscar en las faldas de su madre ese "no pasa nada" que siempre apagaba la tormenta cuando éramos enanos, ese abrazarse de puntillas a la cintura de tu madre y escuchar ese "no pasa nada" de ella que calmaba el río más revuelto... Pero ya no somos niños y debemos responder de los males que causamos, nos causan, y nos causamos.
No era tanto el error como los renuncios que colleva. Hoy escribí muchas veces un mensaje que nunca se envía, y que es la punta de la lanza que espera despertar el rescate de este naúfrago, si aún está a tiempo.
Lo que no esperaba que para salvar el barco, la semi víctima hubiera de llevarme de nuevo al lugar del gran naufragio, es como si la providencia quisiera mostrarme que es lo que merezco y que si estoy donde estoy es solamente porque yo no he sido capaz ni digno de... Me paré y saqué una foto del lugar, en el que una vez confundí los términos, y salió borrosa por el diluvio que estaba cayendo.
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