Cuídate de ti
Los finales felices no existen.
A veces crees ciegamente en algo, mientras todo el mundo alrededor piensa lo contrario, te miran como si hubieses perdido la cabeza, y tú esperas, sabes que lo conseguirás, y deseas que llegue ese día, en que sorprenderás a todos.
Pero tiemblan los cimientos y la fe acaba revelándose insuficiente, entonces llega un momento en que no queda más remedio que rendirse a la evidencia: eran los demás los que tenían razón y tú el que no eras capaz de analizar con objetividad. Eres tú quien ha vivido en el error.
Y después de eso, no sabes por qué maldita razón, tal vez para sobrevivir, la fe en ello no se va, si no que se vuelve a quedar contigo, dándote la vida o destrozándotela.
Me siento orgulloso de cómo me he comportado este fin de semana, he sido capaz de hacer lo que debía hacer y no ceder a las tentaciones fáciles que he ido encontrando, y aunque el resultado tangible, a la vista de los demás, es una derrota, para mi es una victoria no visible para terceros, es haber sido fiel a mis propias ideas y convicciones, después de tantas equivocaciones como he cometido.
Me siento triste, porque los finales felices aparecen en las películas y en algunas historias que me son ajenas… pero no sé donde… perdí mi final feliz…
Pero me siento alegre, porque sé que hice lo que debía y lo que sentía, y al final quien queda eres tú, contigo mismo.
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