El tomate
Estos días en Conil no han sido para rasgarse las vestiduras, pero estuvieron bien. Es decir, pasarlo bien, sin que ocurra nada especial. Voy a quedarme con los mejores detalles de esos días. Y uno de ellos es este lugar.
Bajaba las cuestas de Conil, crucé el arco, y tras atravesar a la plaza, opté por desviarme hacia la izquierda, en lugar de seguir la calle de la derecha, como todo el mundo, que es la más concurrida y repleta de bares. Buscaba un lugar donde cenar unas tapas, antes de empezar a digerir Legendario y Coca Cola, y pensé que por ese lado los bares estarían más tranquilos.
En una estrecha calle topamos en el lado derecho con tres pequeños bares sucesivos, aparentemente de copas. Sin embargo, en uno de ellos, el que estaba en medio, había un cartel a la izquierda de la puerta, de esos clásicos negros, que recogen la lista de tapas, y por no seguir dando vueltas, decidimos entrar "en ese mismo".
El bar es pequeño. Como ya he dicho, aparenta ser un local de copas, luces tenues, una barra a la izquierda, y mesas altas a la derecha. Lo lleva un grupo de chicas, la mayoría vascas (y una guapa ¿quizás sudamericana?), todas muy agradables y atentas. La carta no es extensa pero me encantaron la tortilla de patatas, el salmorejo, las patatas alioli.. todo con un toque especial, y los Legendarios, como a mi me gustan, con su vaso ancho y limón, el trato afable... La música española de fondo, especialmente de Calamaro... chicas guapas que entraban y salían... En definitiva, te sentías a gusto en aquel lugar. Por eso repetimos tres noches consecutivas, dejando la última noche una cuantiosa cuenta de alrededor de 150 euros, a base de tapas, cocktails y copas.
Curiosamente no me quedé con el nombre del bar, pero una chica de Conil me dijo más tarde, que se llamaba "El tomate". Pues gracias a todas las que trabajan allí, por hacernos sentir como en casa.
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