Madrid
Nunca me ha gustado demasiado Madrid... mi sensación es siempre la misma... desciendo las dos escalerillas del AVE y al pisar el cemento y mirar hacia la cubierta del andén tengo la impresión de que siempre es de noche o en su defecto hace frío... y eso que he llegado a ir en alguna ocasión a las 16 de la tarde en agosto, pero quizá sea la sensación que todo sureño experimenta al adentrarse en el clima norteño... subes hacia la estación propiamente dicha, donde una inmensidad de gente corre en distintas direcciones, y la entrada de masas populares a la boca del metro parece una escena de ataque masivo al Abismo de Helm en El Señor de los Anillos, dada la “ingente cantidad de gente” que baja y sube las escaleras al mismo tiempo... llegas junto a la vía del metro, decenas de personas esperando, suben y bajan del vagón como autómatas... dentro gente leyendo, otros inmóviles que solo desplazan sus ojos sobre las demás personas que van pasando por el vagón... decenas de personas en perfecto silencio que solo se rompe por el ruido de las vías al desplazarse el aparato, o por un espontáneo músico que maltoca algún instrumento para pasar la gorra posteriormente ¿cómo puede haber tanto silencio?... y por supuesto, el calor bajo tierra... la primera vez que subí en el metro me gustó, ahora me produce cierta sensación de agobio... aunque es el medio más rápido, por eso cuando al fin salgo a la calle me siento en cierto modo liberado...
Y entonces estás propiamente en ese lugar llamado Madrid... normalmente frío y oscuro, normalmente de paisajes antiguos y edificios vetustos en las zonas céntricas por las que me suelo mover, de caras serias y falto de la comunicación interpersonal que existe en las calles de Sevilla, gente formal y educada, extranjeros por doquier... multitud de ofertas precedidas de largos desplazamientos... quizá la vez que más disfruté fue el fin de semana en que Inma me hizo de cicerón por sus calles y me llevó a un restaurante argentino del barrio de Bilbao a tomar una taza de caldo caliente en un día frío y algo de carne, y luego a tomar café mientras bajo el paraguas tonteábamos sin que pasara nada... Madrid es algo así, atrayente al mismo tiempo que repelente.
Y ahora mis amigos sugieren ir el fin de semana de copas a Madrid... no tengo agobios de trabajo para la semana que viene... no ando apretado de dinero este mes... pero no me convence... seguramente me quedaré aquí, pasar tiempo con mis padres que están tocados... salir a tomar una copa el sábado por la tarde sin grandes pretensiones... seguir cerrando caminos... o seguir aclarando caminos...
1 comentario
conel -
Buena descripcion de Atocha