Nos vemos en tu caseta.
Habían dado ya las 22, estaba en una caseta de esas enormes, llena de gente, donde tienes que pedir permiso para pasar a cada metro que recorres, sentados en unas sillas improvisadas junto a la barra, corría la botella y algo de comer, mientras esperábamos para ir a la caseta de tus amigos. Yo no dejaba de mirar el reloj, ansioso porque llegase la hora, y porque sabía que tú ya estabas allí.
Huí de la invitación lujuriosa a la casita adosada cuatro calles más atrás de Balompié, para plantarme un sabado de feria en el real, esperando encontrarme toda la trupe que traías detrás tuya, pero muy a mi pesar, no pude pasar por tu caseta... lo siento.
Me perdí en el mes de abril o mayo, rodeado de multitud de gente, quizá en otra caseta más pequeña, pero igual de estrecha, más privada, pero menos íntima... y recordé, y al mismo tiempo olvidé, o me obligué a olvidar, pasar por tu caseta... creo que ese día también llovió.
Quizá fue por culpa de la borrachera... que volví a olvidar acercarme a esa calle donde la feria se termina... ¿Que más daba ya todo? Quizá por los efectos del alcohol, no recuerde haberme fugado y haber estado allí...
Cuando todo va muy rápido, es difícil pensar, y se borran el número y la calle de los planos del real de la feria. ¿Quien sabe si estarías allí? En Ignacio Sánchez Mejías, a la izquierda entrando por Carrero Blanco...
Menuda mierda de feria este año... se me olvidó mirar desde la puerta... pero nunca se me olvida el largo camino a pie de vuelta a casa... solo que... al no pasar por tu caseta, lo hicimos cada uno por un lado, aunque yo me hiciera acompañar de ti.
Quizá este año vea como la desmontan cuando aparque de vuelta al trabajo...
Otro año, quizá, nos veamos en tu caseta.
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