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Corazon de segunda mano

Ella

Sueños

Hoy no es un buen día. Realmente siempre que me siento a escribir aquí es porque no ha sido un buen día.

Debería tener la moral alta, porque las cosas en general me van bien, tengo una familia estupenda, salud, un buen trabajo, no me falta el dinero, y bueno, ayer en mi recorrido de bares, más de una pretendienta... pero todo se rompió con un sueño esta noche.

Creo que es imposible contar un sueño. Ya de por sí es imposible contar un sentimiento, pero si ese sentimiento lo has experimentado en un sueño, en que parecen desarrollarse con aún mayor intensidad, quizá porque nos desprendemos del elemento racional, aun resulta más utópico conseguir transmitirlo.

Ha sido uno de esos ya habituales sueños en los que ella vuelve, pero esta vez fue más bonito que nunca. Recuerdo que sus labios me buscaron tímidamente y se encontraron con los míos, y que nos dejamos llevar por un beso, el beso más bonito que jamás hubiera podido vivir. En ese momento, lo olvidé todo, lo perdoné todo, el resto del mundo ya no imortaba, y todo el pasado había sido compensado por ese instante. Es imposible contarlo, solo sé que me hubiera gustado quedarme allí para siempre, que el cielo debe ser algo muy parecido a ese momento. Cuando separé mis labios de los suyos, solo dije "no diré nada para no estropearlo esta vez..."

Pero no tardé mucho en darme cuenta de que estaba fuera de la realidad. ese momento es una putada. Es como volverte a poner en el infierno después de haber subido al cielo, como si después de haber sufrido para pasar un obstáculo, y completamente fatigado, te lo vuelven a poner delante y sabes que ya no serás capaz de lograrlo.

Movido por la desazón, me adentré esta tarde en su facebook, donde sigue teniendo las fotos en abierto, lo que me permite hacerme una idea de como le van las cosas. Había colocado una foto en la que aparecía un grupo grande de gente, divirtiéndose en torno a una mesa en que había alguna cerveza y tapas... y entonces vi que ella aparecía junto a un chico, bien parecido, y que parecían tener los brazos enganchados. Quise pensar que como estaba hecha de lejos, quizá no era ella, que quizá por la oscuridad parecían cogidos y no era así... pero era ella, y estaba pegada a él.

Ella ya destrozó mi corazón hace mucho tiempo, ocho años ya, pero ¿Sabes lo que es sentir como se te rompe la última y diminuta esperanza? Y aunque sea diminuta duele como si fuera infinita. Como decía Andrés ¿Sabes lo que es tener el corazón roto? ¿Sabes lo que es que se te rompa el sueño que la noche antes te subió al cielo? Hace tiempo que comprendí que nadie va a entender lo que yo siento. 

19 de octubre

Bombardeando trozos de felicidad ajena sobre mi pequeño despacho, donde montañas de papeles me rodean pero no impiden los trallazos de la metralla que despide la explosión de tu día ficticio.

No te voy a felicitar, no. Si tuviera armamento lo dispararía contra ti, con la esperanza de herirte y desangrarte como tu a mi. Pero toda mi fuerza armada ha quedado inerte, inservible para enfrentarme a tu puto día.

Que seas muy infeliz. Feliz cumpleaños. 

Felicidades

Un año más...

Como un chispazo

No sé si lo habré dicho alguna vez: Decía una canción de Carlos Chaouen que olvidar es despreciar el pasado. No sé cuantas veces lo he intentado, e incluso cuántas veces he logrado conseguirlo. Sin embargo, un día cualquiera, vuelves a colarte en mis sueños, y parece tan real, tan real... ese miedo a como será el reencuentro después de siete años, ese terror a verte con otra persona, ese sentimiento imposible de describir que me desgarra por dentro... Y al despertar, y descubrir que todo fue una ilusión, es tan intenso el poso que queda, que es necesario volver a empezar otra vez de nuevo.

Creo que soy un tipo raro, por no olvidar nunca, y eso hoy en día, creo que no es normal, así que para ser congruente, he ido rechazando a muchas mujeres, que quizá merecían la pena, por esperar a que todo pasase. Pero siempre vuelve.

Por el tan traído facebook, miro a veces su foto, es lo más que puedo hacer, pues sería un error enviarle una invitación. Ese simple gesto, provocaría nuevamente su desaparición o cambio de identidad, perdiendo de nuevo su rastro. Por el mismo tan traído facebook, recibí un mensaje curioso, su mejor amiga, con la que tampoco contacto hace siete años, me invitaba a tomar algo algún día que volviese por Sevilla, y aunque le dije que sí, te preguntas luego ¿y si enterarte de cosas hace más daño que no saberlas nunca?

Feliz Navidad para ella.

Hoy encontré unas letras escritas por ella en algún lugar de este inmenso mundo. Desbordaba felicidad. Casi igual que las letras que yo derramo... es una ironía, claro. Quise guardar las suyas, a pesar de todas las promesas que me he venido haciendo en los últimos tiempos, es como aquello de "fumarme un cigarro no significa que vaya a volver a fumar..." Como casi siempre he guardado lo que iba encontrando de ella, para adornar el santuario de mi musa idealizada.  Solo que ese santuario es una carpeta de un disco duro, o la letra "b" de un archivador de papel. 

Y aunque siempre tiene las puertas cerradas, abrirlas un solo día provoca de nuevo los interrogantes, las dudas del pasado.. ¿por qué dijo aquello...? ¿por qué aquél día...? ¿y si yo...? ¿y que pensaría de...? Interrogantes que nunca tendrán respuestas, y que ni siquiera sé si los creé yo mismo de la nada.

Y pensando en ello me di cuenta de que se acerca el día 24, la nochebuena. Y es que son fechas dadas a los recuerdos, especialmente cuando no tienes nada que te haga estar atento del presente. Y a pesar de todo, desde aquí le felicito la Navidad, aunque no lo sepa.

Y me quedo pensando que tengo pruebas de que ella fue muy inteligente poniendo tierra por medio, y fue falsa diciendo aquello de que esperaba que encontrase a alguien que me hiciera feliz, porque debía saber que no la encontraría.

Buscar a una persona en otras.

Estos días es inevitable volver la vista atrás, porque son días en que todo se junta, las cenas de Navidad, el Puente de la Inmaculada, o el desprecio de las ilusiones más recientes.

Estaba esperando para cruzar el paso de peatones de la Avda. Luis de Morales donde llega a Eduardo Dato, cuando al girar la vista a la izquierda vi acercarse a dos chicas de treinta y tantos años con una pequeña bolsa de Media Market cada una, dirigiéndose hacia el mismo paso de peatones. Se pararon  junto a mi, esperando que el muñequito del semáforo se tornase verdoso. Me quedé fijándome en una de ellas, morena, delgada, con el pelo rizado. Era la que hablaba, mientras la otra escuchaba. Me recordaba tanto a ella... El semáforo se puso en verde y me hice el despistado para dejarlas pasar delante y así poder observarla, pero su paso era tan tranquilo, enfrascadas en la conversación, que tuve que adelantarlas ante el peligro de ser descarado y que pensaran que les estaba mirando el culo... giré a la izquierda dirección El Corte Inglés, y aún giré la vista atrás dos veces para ver hacia donde iba, tropezándome con su mirada que ya se había percatado de mi atención.

Me hizo recordar aquello de buscar una mujer en otras que tanto se dice en las películas, y siempre consideré tan irreal. Recuerdo cuando dejé de verla, esperaba el milagro que me devolviera la oportunidad de cruzarme con ella. Y así, de repente veía, a una chica de espaldas cruzando la calle o entrando en un edificio, y me daba un vuelco el corazón pensando que podía ser ella. Entonces tenía que apresurarme para adelantarla y poder verle la cara, justo ese era el momento en que me llevaba el frío en el corazón, al advertir que solo había sido una confusión y no era ella.

A veces conoces a alguien que tiene algún parecido físico, y entonces tú, no sé por qué, le adjudicas la misma personalidad que tenía ella, de manera inconsciente. Tiene que ser muy parecida a ella. Pero la realidad es que no hay dos personas iguales, y que cuando te molestas en escuchar un poco, la adjudicación de personalidad se viene abajo por su propio peso.

Sinceramente, no sé por qué empecé a escribir esto...

 

Y te habías ido...

Estaba repasando la lista de invitados, y me sorprendió ver su nombre, con todos sus apellidos, como yo lo conocía, casi como si fuera mío. Llevaba más de seis años sin verla. Tenía temor, temor por la incertidumbre de cómo sería el encuentro después de tantos años, si sería afable o tirante... ¿qué le diría? La Iglesia estaba llena y fue imposible ver a nadie, esperé a la cena.

Cuando buscaba mi mesa, la vi pasar por el medio del salón, sóla, pero muy segura de sí misma, con la apariencia de una persona que ha triunfado en la vida y se mueve con plena confianza en todo lo que hace, sin mirar atrás. La observé pasar a unos diez o quince metros, entre la gente. Ella no me vio a mi, pero debía haber leído la lista de invitados, igual que yo...

Me senté en el lugar que me correspondía, y traté de buscarla con la mirada, solo había seis mesas, aunque con más de quince comensales en cada una, y no la vi en ninguna. No me quedó más remedio que acercarme a la novia y preguntarle por su invitada. Entonces supe que se había marchado antes de la cena. Que había ido a la ceremonia para cumplir pero no se quedó al festín porque era la clásica invitada a quien quieres, pero no sabes con quien sentar, ya que la conociste en otro ambiente y no tenéis amistades comunes, por lo que ella misma se excusa.

Se fue sóla, pero segura de que era lo que quería, y yo me quedé allí, solo, completamente inseguro de mi mismo, y de adónde ir...

Sonó el despertador, y eran las 7.45. Otra vez te has colado en mis sueños aunque te lo tengo prohibido.

Vacaciones detrás de la puerta.

Tal día como hoy, hace seis años. 31 de julio, el día universal de vacaciones para todos los supervivientes de mi profesión. Tal día como hoy, hace seis años, salí por la puerta del trabajo a eso de las 21 horas con la idea de desconectar durante 31 días, y lo primero que hice fue tomar el coche, y enfilar esa sucesión de calles y enlaces de autovías para caer en la Autovía de Málaga y tomar el desvío de Sevilla Este. Aún tenía el viejo utilitario, aunque por aquel entonces creo que cogía el coche de mi padre.

Y me detuve en el lugar de siempre, al otro lado del descampado, buscando una casualidad, y encendí un cigarro. Cuando lo apagué, di alguna vuelta a la rotonda, y volví a casa.

Hoy, salí por la misma puerta, a las 21 horas, con 31 días por delante pero con 31 kilos de papel bajo el brazo... y sin la posibilidad de desconectar. Cogí el coche, esta vez mío, y un peldaño superior al de aquella época, y enfilé las avenidas que me llevan a casa, a Nervión. Porque no tenía adonde ir.

Y por el camino iba recordando lo que había hecho hace seis años, lo rápido que pasa el tiempo, la falta de compasión de la vida... y mi soledad, por tu culpa, por la mía, o por lo que me rodea desde entonces. Dejé el maletín y me fui al Corte Inglés a buscar unos zapatos.

Con 31 días por delante.

¿Se llama venganza?

No sé mentir.Tal vez porque sea demasiado buena persona o quizá, porque sea inútil también para eso. Y casi es mejor lo segundo porque el ser buena persona hoy en día es sinónimo de que todo el mundo se aproveche de ti.

Por eso, cuando me encontré entre las manos, sin haberla buscado, la ocasión de volver a decirle algo, seis años después, no supe lo que tenía que hacer. Podía escribirle todo aquello que se me quedó en el tintero aquel mes de agosto, pero quizá, sin darme cuenta, ya estaba todo dicho, o quizá, viendo el tiempo transcurrido, ya no había nada que decir. Podía pedirle simplemente que me liberase, tener la ocasión de encontrarnos una vez para marcharnos cada uno por un lado, pero esta vez yo, absuelto para siempre de las espienas clavadas. Pero sabía que en cuanto viera que era yo quien le escribía, volvería a desaparecer. Podía marcharme por donde había llegado, y dejar pasar ese tren, ya que realmente había pasado hace mucho tiempo, y eso era lo más razonable y sano para todos.

Pero luego, había otra parte de mi, el odio que alimentó la pena, que me decía que alguien que me causó tanto daño, no debía inspirarme sentimientos de respeto, y por eso, podía jugar... y en una tontería, le escribí un mensaje sin decirle quien era, sin que lo supiera... y a ese mensaje siguió una respuesta, y ahí pensé en dejarlo todo, dejar que el mundo corriera... pero en otro día tonto escribí otro mensaje contestando al anterior... y entonces vino otra respuesta... y yo volví a responderle... y ahora me miro, y si esto sigue adelante... no soy más que un farsante, jugando a algo que no tiene sentido ni fin ¿para qué?

Y si siguiera, al final, como no sé mentir, acabaría confesando quien era quien le escribía, en arrebato de honradez. pensando que es lo mejor y más sincero que puedo hacer, y provocaré la estampida... para arrepentirme luego, por haberlo hecho de ese modo, y no haberlo sabido terminar bien... arrepintiéndome de no haber hecho otra cosa o haberlo dejado correr...

Así que aquí me hallo, sabiendo que es lo mejor, y tratando de convencerme para que sea así, y evitando pensar que es cosa del destino o de la providencia.

Y todo esto ahora, que ya me sentía libre, y de hecho me siento libre, y mucho me ha costado, pero las ilusiones tienen un precio. Y por una ilusión vana y absurda, accedí a pagar el precio de olvidar.

Otra vez ella.

No sé como llegué hasta aquí. "Solo quiero despertar..." dice la canción que suena de fondo en esta habitación.

El progreso, la tecnología, la informática, las comunicaciones... todo avanza tan rápido. No hace mucho tenía que buscar a las personas en los lugares que frecuentaban, no hace mucho el único contacto que tenía con una chica era un teléfono que empezaba por 95 y al que respondían sus familiares, y no hace mucho planeabas para el día siguiente los desplazamientos que ahora solucionas con un click. Creo que antes era mejor.

Cuando alguien se iba, se iba para siempre. Nunca sabrías más de ella. Y no sé si eso era bueno o malo. Y ahora también se va para siempre, pero es como si al mismo tiempo se quedara para siempre.

¿Que de qué estoy hablando? Hablo de si el progreso no nos estará haciendo ser testigos de escenas que nunca debíamos haber presenciado, si no nos hace ser protagonistas pasivos de vidas ajenas, permanecer en lugares que no nos corresponden. Si no estamos volteando el mundo, nos hacemos daño con ello y desviamos el futuro que nos esperaba.

Sigues sin entenderme ¿verdad? Un ejemplo reciente. Cuando terminé la relación con con Dna hice con ella un pacto,  ya que íbamos a los mismos sitios, no haríamos daño al otro exhibiéndole nuestras hipotéticas futuras relaciones. Y lo cumplimos, bueno, más bien ella, porque yo de relaciones nada de nada. Pero ¿De qué sirve cumplir si el progreso es quien lo traiciona? Un simple click en un buscador y ¡chas! bastó un click para saber que ya había un nuevo rey de la casa, ocupando el lugar en que yo estaba, y que parecía más feliz con él. ¿Evolución natural de las cosas? Sí, pero, no puedes evitar una sensación de sentirte fuera del cuadro, confuso ¿que hace con ese? Si me quería a mi...

Pero ha sido esta semana cuando todo se ha vuelto loco. Después de enamorarme de "ella" como nunca antes lo había hecho de nadie, después de que se fuera hace seis años, de los frustrados intentos de buscarla, de verla, después de que "ella"  fuera el motivo por el que nació este blog, de escribir tantas letras sobre "ella"... después todos estos años sin saber de su existencia absolutamente nada, ni verla, ni oirla, ni saber que hizo con su vida, si estaba sola o acompañada, si le iba bien o mal, después de obligarme a no sentir por ella, semiaprender a odiarla... un click involuntario me puso otra vez delante de su cara morena, y de un cúmulo de casualidades, que por un momento, hicieron temblar mi convicción de que todo lo que ocurre es fruto de la casualidad, y no responde a un plan preordenado.

Después de seis años, ahí estaba ella, con la sonrisa de siempre.

No quedan tantas cosas...

No es santo de mi devoción. Pero esta canción de Alex Ubago, puso música de fondo a uno de los momentos más jodidos de mi corta vida, uno de esos momentos en que no entiendes nada de lo que está pasando... y se acaba de terminar, y no entiendes qué es lo que ha pasado. No sabes que es lo que ha fallado para volver atrás y arreglarlo, o no sabes si vas a despertar de un mal sueño.

Aún tenía el móvil entre las manos. Allí, en el garaje desierto al mediodía, me senté en el Jeep Cherokee, en estado de shock, rodeado de impotencia y pena, arranqué el coche, conecté la radio, y mientras la antena se elevaba hacia el techo, empezó a sonar " ... porque quedan tantas cosas por contarte y que me cuentes, tantos ratos y pasiones por vivir a tu lado..."

Volví al punto de muerto sin mover el coche, apagué el contacto. Y allí volví a ser niño por ti. Pero era yo, el de siempre ¿cómo pude engañarme?

Siempre que la escucho, me lleva otra vez atrás en el tiempo, a ese garaje, a ese coche, a ese momento.

Perdido.

 

Estaba viendo la quinta temporada de "Perdidos". La trama gira en torno a los viajes en el tiempo. De repente un flash y vuelves a ser testigo de algo que ocurrió hace mucho tiempo. La posibilidad de intervenir en una escena en la que no estuviste, y que puede interaccionar con el futuro. Pero sobre todo, la posibilidad de decirle a alguien, aquello que no tuviste ocasión de contarle entonces, y que has guardado en la soledad de tu espacio, aquello que ya no volviste a tener ocasión de hacer, volver atrás para decirle aquello que sentías y nunca hiciste.

A veces, paso frente al Café de Indias de Eduardo Dato. Aquél en que estabas sentada con M. una tarde del pronto verano del 2.003. No sé por qué, siempre miro a la izquierda, esperando volver a encontrarte allí sentada, como si hubiera regresado al pasado, a aquella tarde, y tuviese una nueva oportunidad.

Aquella tarde del 2.003, te dije que no iba a ir porque ya iba mal de tiempo. Fue por orgullo, dignidad, honor. Estaba deseando ir, pero dijiste que no te quedarías ya mucho y tuve la completa sensación que no querías verme, por eso inventé aquella excusa del tiempo, te deseé buen viaje y colgué el teléfono fríamente. Con naturalidad, como si no me importase, pero doliendo dentro. No sé que pensaste tú, ni lo sabré.

¿Y habría cambiado algo si tuviese una segunda oportunidad? Nadie lo sabe.

Hace seis años. Comprendo que no he viajado en el tiempo cuando veo que las que allí están sentadas son otras personas, otras caras, y que tú hace años que viajaste a otro lugar.

Entonces sigo caminando. Pegando tropezones en todos lados, como un patán, sin camino, sin destino, sin ir a ningún lado. Perdido, como la serie. Pero como dijo en ella Sawyer “¿Por qué no le hablaste? Lo hecho, hecho está”.

 

Uno de los últimos lugares.

Uno de los últimos lugares.

Emprender un nuevo camino significa dejar de estar lastrado por el pasado y correr hacia adelante sin mirar atrás. Pero eso no significa olvidar el pasado, pues eso sería despreciarlo o arrepentirte de lo que hiciste.

Hoy pasé con la bici por ese pub escondido en el parque, Aqua se llamaba entonces, y ahora Ylang Ylang. Es un sitio en que han pasado muchas cosas... Quizá no recuerdes, pero yo sí, que fue uno de los tres sitios en que estuvimos la última noche que compartimos, allá por el verano de 2.003. La última vez que te vi.

Estaba cerrado, por ser invierno, supongo que hasta los primeros soles de la primavera. Me paré, lo observé en soledad, y lo inmortalicé.

Malditas comidas de Navidad

Odio las comidas de navidad de empresa. Y las odio desde que, habiéndose alejado de mi la persona que quería, alguien me dijo que en las comidas de Navidad de los hospitales acababa la gente liándose, que aquello era un putiferio... y yo sabía que ella estaría en la comida de navidad de su nuevo hospital... Pues aunque lo que hiciera me importe un carajo, desde entonces me entran malas sensaciones por el cuerpo cuando llegan estas fechas y todo el mundo se va de comidas de navidad a desmadrar... odio las comidas y a todos los que van... y hoy están todos los sitios a reventar por ellas... y yo trabajando, o haciendo que trabajo.

... aunque solo yo lo recuerdo.

... aunque solo yo lo recuerdo.

Aquí compartimos un desayuno...

Aquí compartimos un desayuno...

 

Fácil pero difícil

El tiempo que pases lamiéndote las héridas por una relación perdida, es tiempo que pierdes del resto de tu nueva vida, y que nunca recuperarás.

Esa frase, que tan bonita me ha quedado, es el consejo que acabo de dar a una desenamorada, y el mismo que di a un amigo hace poco...

Manda cojones ¿no?

...un milagro que no llegó.

...un milagro que no llegó.

... una vez más perdí lo que nunca tuve...

... una vez más perdí lo que nunca tuve...

...como siempre en Badajoz...

...como siempre en Badajoz...