Y te habías ido...
Estaba repasando la lista de invitados, y me sorprendió ver su nombre, con todos sus apellidos, como yo lo conocía, casi como si fuera mío. Llevaba más de seis años sin verla. Tenía temor, temor por la incertidumbre de cómo sería el encuentro después de tantos años, si sería afable o tirante... ¿qué le diría? La Iglesia estaba llena y fue imposible ver a nadie, esperé a la cena.
Cuando buscaba mi mesa, la vi pasar por el medio del salón, sóla, pero muy segura de sí misma, con la apariencia de una persona que ha triunfado en la vida y se mueve con plena confianza en todo lo que hace, sin mirar atrás. La observé pasar a unos diez o quince metros, entre la gente. Ella no me vio a mi, pero debía haber leído la lista de invitados, igual que yo...
Me senté en el lugar que me correspondía, y traté de buscarla con la mirada, solo había seis mesas, aunque con más de quince comensales en cada una, y no la vi en ninguna. No me quedó más remedio que acercarme a la novia y preguntarle por su invitada. Entonces supe que se había marchado antes de la cena. Que había ido a la ceremonia para cumplir pero no se quedó al festín porque era la clásica invitada a quien quieres, pero no sabes con quien sentar, ya que la conociste en otro ambiente y no tenéis amistades comunes, por lo que ella misma se excusa.
Se fue sóla, pero segura de que era lo que quería, y yo me quedé allí, solo, completamente inseguro de mi mismo, y de adónde ir...
Sonó el despertador, y eran las 7.45. Otra vez te has colado en mis sueños aunque te lo tengo prohibido.
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