... a la vez que no estás...
Así se llama esta canción, que escribí hace pocos años. Mañana volveré a recorrer el mismo camino, espero que esta vez, las cosas sean distintas.
(F)No veo tus huellas en esta es(C)cena
(F)se me han quedado tan lejos tus(am) ojos
(em)cual corazón en desa(F)lojo
solo me queda bus(G)carte en la carrete(C)ra
Me da miedo cubrir kilómetros
llegar a donde nadie me espera
cruzar calles desiertas
hoy saldré a buscarte a la carretera
(am)Porque tengo las ma(em)nos heladas y el co(F)razón que me que(C)ma
(am)porque noto el (em)aire viciado y ala(F)ridos en las ve(C)nas
sin gasoli(G)na de reser(am)va
(em)si hoy no te(F) encuentro en la (C)carrete(G)ra
El corazón se apaga en la cuneta
de verdad va a salir el sol mañana?
si no hay cambios de rasante
para verte aparecer en la carretera
Porque tengo mis momentos llenos de tu vida entera
porque mis vacíos blancos son mil noches sin estrellas
y un cigarro de reserva
para cuando no te encuentre en la carretera
Porque mato las horas en un arcén en tinieblas
porque no puedo emprender el camino de vuelta
y cuando hoy no te encuentre
me quedaré a esperarte en la carretera
hasta que (C)vuelvas.
no me olvidé...
Creo que abrí los ojos en Badajoz. Había recorrido más de 200 kilómetros de carreteras secundarias esperando un milagro. Crucé calles, bares y plazas sin que nada sucediera. El dolor se acomodaba en mi interior, rechazando mostrarse al exterior. Desperté a la mañana soleada con un piano, sonaba exactamente igual que se sentía mi corazón, exactamente igual... me incorporé de la cama, y recorrí las diversas habitaciones de aquella casona antigua, buscando el origen de aquella música, que no parecía fruto de la causalidad... y entonces encontré, en una disimulada habitación, aquel piano, cuyas teclas se alternaban para ponerle música a mis circunstancias. Siempre que vuelvo pido que la toque otra vez, para recordar.Siempre me acompaña como recuerdo del milagro que no ocurrió.
... que estuvimos desayunando en ese bar una mañana? Quizá fue la tercera semana de conocerte... Fue después de una madrugada en Louisiana, y yo que nunca he sido de amanecer de copas... pero me convencisteis en la esquina de siempre, en la puerta de las taquillas de La Monumental, cuando ya me iba a casa, no hacía falta mucho esfuerzo para lograrlo... en la mesa de al lado había una chica que decíais que era Pastora Soler, y tuve que levantarme a preguntarle si era y pedirle un autógrafo... pero no... al menos nos reimos... me diste tu teléfono cuando volvíamos en el coche, sentados los dos en el asiento de atrás... y yo con el despiste no lo grabé... la que tuve que liar luego para conseguirlo de nuevo... Pues no he vuelto a ir a ese bar... y ya ves, últimamente no encuentro mi sitio...
Hoy te eché de menos...
Son los días como ayer, los días más absurdos de mi vida. Son los días en que después de tantos esfuerzos e imaginados logros, mi pensamiento vuelve otra vez al mismo sitio. Son los días en que te suplicaría si tuviese ocasión, los días en que no entiendo nada, decido que nada es justo, y entonces menos entiendo, acabo odiándote y lleno de rabia... o quizá pisoteando mi autoestima en búsqueda de la realidad... acabo andando por las calles sin rumbo, esperando encontrar algo que cambie todo, pero nunca cambia... es una ruleta rusa, que gira y gira, y a veces toca el número de ayer y hoy, y hasta que toque la bala o...
Hubiera preferido felicitarte a primera hora del día, una sorpresa, un regalo... pero no es posible. No queda más remedio que apartarse y dejar espacio a otros...
Pero no me he olvidado, y te dejo aquí mi felicitación, en silencio, al final del día, por si algún día la encuentras.
Feliz día de tu santo.
...en el turno libre... conociéndote sé que antes o después lo lograrás, pero antes te lamentarás porque dirás que es imposible.
Simplemente, quería contarme un sueño.
Salí a correr, a hacer footing, como un día cualquiera, pero la idea era ir corriendo hasta el pueblo en que habías instalado tu residencia, creo que allá por Badajoz. Apenas tardé unos diez minutos, muy poco tiempo para un trayecto supuestamente largo.
Cuando llegué, aunque ya conocía el pueblo, me llamó la atención que a pesar de no tener muchos habitantes, era muy extenso, debido a que no había bloques de pisos concentrados, solo casas y chalets grandes esparcidos, de lo que se deducía un elevado nivel de vida. Todo esto iba viendo mientras corría por una calle, en una dirección concreta.
Había tres puntos que me interesaban desde esa calle, al norte, y fuera de lo urbanizado, había una loma, que se veía desde mi posición, sobre la cual se levantaban los restos de un castillo, al este, otro lugar en el centro del pueblo, que no recuerdo en qué consistía, aunque imagino que sería un centro de salud. Y al oeste un descampado en las afueras, en que había un humilde bar. Iba a decir bar de carretera, pero aunque era de ese estilo, lo que conducía hasta él era un camino de polvo y tierra. Decidí que no subiría al castillo hasta otro día, pues para el día presente ya había corrido mucho y quizá me extenuaría. Me dirigí al bar, con un propósito concreto, que no recuerdo, aunque seguro que tenía que ver contigo.
Hay un salto. Después me recuerdo dirigiéndome a unas edificaciones construidas en el despoblado. Creo que era una antigua explotación ganadera, cuyas instalaciones consistían en vetustas y sencillas edificaciones blanqueadas, habían estado mucho tiempo abandonadas y descuidadas, estropeándose, hasta que las cedieron a las monjas para establecer un convento en ellas. La primera edificación por la que pasabas al llegar era una especie de cuadra, una casa blanca sin fachada en su origen, pudiendo verse desde el exterior la estancia cuadrada. Es curioso, se parecía mucho a la finca rústica de de mi familia.
Al llegar era de día, y no había nadie en aquella primera construcción, anduve unos pasos más a lo largo de la edificación sin ver a nadie, después volví sobre mis pasos, y al volver a la altura de aquella primera estancia, que segundos antes estuvo vacía, observé que estaba llena. Había unas cuarenta o cincuenta monjas sentadas alrededor de mesas, haciendo trabajos de costura o parecidos, daba la sensación de que apenas quedaba espacio libre, pues eran muchas para tan poco sitio. Unas iban vestidas de rojo, y otras de negro. Empecé a buscarte entre ellas con la mirada, una a una, pero no te vi.
Entonces sonó algo, era la hora de ir a dormir, todas se levantaron, y fueron abandonando la estancia, hacia unas escaleras que había en el fondo, en ese momento, al ver marcharse, pasando delante de mi, a una de las que vestían de rojo, advertí que las de negro eran muy jóvenes, y las de rojo, de más edad sin ser mayores, como si fueran de un grado superior. Te busqué entre estas últimas, pero no te vi, o no me dio tiempo a verte.
Entonces, cuando apenas quedaban cinco o seis personas en la sala, me dirigí a una monja mayor, de unos sesenta años, que venía a ser la superiora de las que había en ese momento, educadamente me atendió, y le pregunté: ¿Dónde está Blanca?
Después de eso, no recuerdo nada más.
Resultaría una salida fácil decir que la vida es una mierda, y no utilizar cada esperanza para aferrarse y enfrentarse a ella cada día.
Sin embargo, no sé por qué, algunos días, en emdio del aburrimiento, sigo escribiendo tu nombre, en el rastreador que lo pone todo en la mano, con la pasada esperanza de saber algo de ti, ya que me cerraste todas las vías presentes y futuras.
El saber donde estarás un día concreto es algo que al mismo tiempo me excita y me deprime, por la ilusión de colarme donde nadie me llama para verte, y por la desilusión de saber que no lo haré.
Y no tengo ganas de escribir sobre nada más. Aunque me gustaría decirte que te quiero.
http://www.sexmfyc.es/congresos/badajoz08/DIPTICO%20XI%20CONGRESO%20SEXMFYC.pdf
Pues sí, esta es mi patética vida ¿pasa algo?
Hace algún tiempo, no más de seis años, cuando oía hablar de tu barrio, solo sabía que se trataba de un núcleo nuevo que había crecido en las afueras de la ciudad, muy populoso y extenso, para el que se hacía imprescindible el coche, y al que muchas parejas jóvenes habían ido a vivir como opción más económica. Pero apenas había estado alguna que otra vez en la parte más comercial del barrio, conocía poco de él, sabía que existía pero no me importaba.
Poco después te conocí, y entonces supe que vivías en la parte de ese barrio que se extendía más allá de la zona a la que yo había llegado, la que era como algo ignorado o prohibido, que aunque existía, hasta entonces, no había existido para mi. Nunca había cruzado siquiera por allí. Un día, cuando apenas te conocía aún, corrijo, cuando apenas te había tratado aún, pues creía que ya te conocía, pues después de tomar un café, dijiste que tenías que irte, y yo, aunque los demás iban para el centro, me ofrecí a llevarte si te quedabas un rato más, pero tu optaste porque te acercara una amiga, y yo ante eso, puse una excusa y me marché también.
No recuerdo si fue ese día, u otro poco después, en que volviendo a casa desde ese barrio, opté por desviarme algo y adentrarme por curiosidad en la parte en que supuestamente vivías. Y andaba tan desorientado, que llegué a una zona de edificaciones más propias de polígonos comerciales, en que no había residencias. Seguí callejeando para salir de ella, y al terminar, me encontré un lugar que siempre se me quedaría grabado.
Cruzando sobre un puente con el coche, a la izquierda, en una especie de hondonada, se levantaba un barrio, lleno de pisos de media altura, de colores blanquecinos. Parecía una barriada pobre pero no peligrosa o salvaje. Me llamó mucho la atención porque era como si hubieran puesto un barrio en un lugar apartado y escondido, para que nadie lo viera, discriminado por su pobreza pero viviendo dignamente en bloques de pisos muy cuidados, con las limitaciones de la humildad. Era como entrar en otro mundo. Resulta difícil explicar una sensación. En un momento pensé que si tú vivías allí, yo sería quien te sacaría de ese lugar... Estúpido salvador... si no eres capaz de salvarte a ti mismo... y ella no necesitaba tu ayuda para salir a flote, ella sola se bastaba para cuando quisiera...
Evidentemente, ese barrio no era Sevilla Este, ni su vecino Parque Alcosa, aunque andaba cerca de ellos. Salí de allí, y nunca he vuelto a ver ese lugar, ni sé si sabría volver a llegar, ni si volviendo a verlo vería lo mismo u otra cosa.
Más tarde, pude llevarte a casa alguna que otra vez, que estaba en otro lugar, Andalucía Residencial... y no han sido las únicas veces que he estado allí... también mas tarde mi relación con ese barrio creció mucho por otras razones, aunque siempre tendrá un componente agridulce por cuestiones varias, y es que resulta curioso, que cuatro personas de ese barrio, con las que tuve un estrecho contacto han acabado siendo desconocidas... aunque la principal siempre serás tú. ¿Tan desapegados sois los de allí que rompeís lazos sin importaros las consecuencias?
¿Por qué cuento esto? Supongo que para no contar lo que te escribí el domingo por la mañana y después decidí borrar y olvidar.
Por qué me dejas caer
Tú que me subiste aquí
Tú que me trataste tan bien
Cuando yo me enamoré de ti?
Blanca llega hasta mi mente
Jura que ella es diferente
Y es hermosa hasta en su forma de mentir
Quién sabrá lo que ella sueña
Lo que siente y lo que enseña
La razón por la que permanezco fiel
Blanca, eres tan cruel
¿Y por qué me dejas hundirme así
Tú que me pusiste en alta mar?
¿Y por qué me dejas aquí tirao
Cuando yo me quise enamorar?
Blanca llega hasta mi mente
Jura que ella es diferente
Y es hermosa hasta en su forma de mentir
Quién sabrá lo que ella sueña
Lo que siente y lo que enseña
La razón por la que permanezco fiel
Blanca, eres tan cruel
Y no olvides que
Al despertar
Siempre hay cuchillos en el cajón
Oh, nunca más
No hasta la próxima vez.
Habían dado ya las 22, estaba en una caseta de esas enormes, llena de gente, donde tienes que pedir permiso para pasar a cada metro que recorres, sentados en unas sillas improvisadas junto a la barra, corría la botella y algo de comer, mientras esperábamos para ir a la caseta de tus amigos. Yo no dejaba de mirar el reloj, ansioso porque llegase la hora, y porque sabía que tú ya estabas allí.
Huí de la invitación lujuriosa a la casita adosada cuatro calles más atrás de Balompié, para plantarme un sabado de feria en el real, esperando encontrarme toda la trupe que traías detrás tuya, pero muy a mi pesar, no pude pasar por tu caseta... lo siento.
Me perdí en el mes de abril o mayo, rodeado de multitud de gente, quizá en otra caseta más pequeña, pero igual de estrecha, más privada, pero menos íntima... y recordé, y al mismo tiempo olvidé, o me obligué a olvidar, pasar por tu caseta... creo que ese día también llovió.
Quizá fue por culpa de la borrachera... que volví a olvidar acercarme a esa calle donde la feria se termina... ¿Que más daba ya todo? Quizá por los efectos del alcohol, no recuerde haberme fugado y haber estado allí...
Cuando todo va muy rápido, es difícil pensar, y se borran el número y la calle de los planos del real de la feria. ¿Quien sabe si estarías allí? En Ignacio Sánchez Mejías, a la izquierda entrando por Carrero Blanco...
Menuda mierda de feria este año... se me olvidó mirar desde la puerta... pero nunca se me olvida el largo camino a pie de vuelta a casa... solo que... al no pasar por tu caseta, lo hicimos cada uno por un lado, aunque yo me hiciera acompañar de ti.
Quizá este año vea como la desmontan cuando aparque de vuelta al trabajo...
Otro año, quizá, nos veamos en tu caseta.