Un sueño.
Simplemente, quería contarme un sueño.
Salí a correr, a hacer footing, como un día cualquiera, pero la idea era ir corriendo hasta el pueblo en que habías instalado tu residencia, creo que allá por Badajoz. Apenas tardé unos diez minutos, muy poco tiempo para un trayecto supuestamente largo.
Cuando llegué, aunque ya conocía el pueblo, me llamó la atención que a pesar de no tener muchos habitantes, era muy extenso, debido a que no había bloques de pisos concentrados, solo casas y chalets grandes esparcidos, de lo que se deducía un elevado nivel de vida. Todo esto iba viendo mientras corría por una calle, en una dirección concreta.
Había tres puntos que me interesaban desde esa calle, al norte, y fuera de lo urbanizado, había una loma, que se veía desde mi posición, sobre la cual se levantaban los restos de un castillo, al este, otro lugar en el centro del pueblo, que no recuerdo en qué consistía, aunque imagino que sería un centro de salud. Y al oeste un descampado en las afueras, en que había un humilde bar. Iba a decir bar de carretera, pero aunque era de ese estilo, lo que conducía hasta él era un camino de polvo y tierra. Decidí que no subiría al castillo hasta otro día, pues para el día presente ya había corrido mucho y quizá me extenuaría. Me dirigí al bar, con un propósito concreto, que no recuerdo, aunque seguro que tenía que ver contigo.
Hay un salto. Después me recuerdo dirigiéndome a unas edificaciones construidas en el despoblado. Creo que era una antigua explotación ganadera, cuyas instalaciones consistían en vetustas y sencillas edificaciones blanqueadas, habían estado mucho tiempo abandonadas y descuidadas, estropeándose, hasta que las cedieron a las monjas para establecer un convento en ellas. La primera edificación por la que pasabas al llegar era una especie de cuadra, una casa blanca sin fachada en su origen, pudiendo verse desde el exterior la estancia cuadrada. Es curioso, se parecía mucho a la finca rústica de de mi familia.
Al llegar era de día, y no había nadie en aquella primera construcción, anduve unos pasos más a lo largo de la edificación sin ver a nadie, después volví sobre mis pasos, y al volver a la altura de aquella primera estancia, que segundos antes estuvo vacía, observé que estaba llena. Había unas cuarenta o cincuenta monjas sentadas alrededor de mesas, haciendo trabajos de costura o parecidos, daba la sensación de que apenas quedaba espacio libre, pues eran muchas para tan poco sitio. Unas iban vestidas de rojo, y otras de negro. Empecé a buscarte entre ellas con la mirada, una a una, pero no te vi.
Entonces sonó algo, era la hora de ir a dormir, todas se levantaron, y fueron abandonando la estancia, hacia unas escaleras que había en el fondo, en ese momento, al ver marcharse, pasando delante de mi, a una de las que vestían de rojo, advertí que las de negro eran muy jóvenes, y las de rojo, de más edad sin ser mayores, como si fueran de un grado superior. Te busqué entre estas últimas, pero no te vi, o no me dio tiempo a verte.
Entonces, cuando apenas quedaban cinco o seis personas en la sala, me dirigí a una monja mayor, de unos sesenta años, que venía a ser la superiora de las que había en ese momento, educadamente me atendió, y le pregunté: ¿Dónde está Blanca?
Después de eso, no recuerdo nada más.
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