Retales
El día es frío, la puerta lo recuerda al abrirse a mi espalda. Las fotografías en la pared han venido a sustituir a los cuadros y las cajas que contenían los chicles desaparecieron hace más de un año. Sigo sentándome en el mismo lugar, la silla de madera, y la mesa de hilar con piedra de mármol, mi Legendario con Coca Cola, y un cigarro en el cenicero.
A veces sin querer, de manera inconsciente, la busco con la mirada. Es agradable, sabe serlo cuando quiere, y otras veces, las más, muestra indiferencia. Hoy me miró un segundo a los ojos, mientras hablaba.
La aglomeración inicial se va transformando en grupúsculos de personas, en animada conversación, copas vacías y humo arrastrándose por el techo, mientras el aire acondicionado desagua en un cubo… en el cuarto de baño aún no han repuesto la bombilla que falta.
Pido la cuenta. Miro sus manos, carentes de cuidados exquisitos mientras se desplazan sobre la libreta con el Bic en la mano. Ya no es tan agradable al contestar, es responsable y correcta simplemente, está en su sitio.
Me pregunto si es posible enamorarse de alguien sin haber cruzado nunca una conversación.
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