Tú lo sabes.
Que te estuve esperando después del rosario, que te estuve siguiendo por los pasillos de la facultad. Tú sabes que te esperé cada 5 de agosto, y que te busqué en todas las cafeterías de la alameda. También sabes que me cansé de esperarte. Que fui a buscarte a las arenas de Conil y que me senté cada sábado a esperar una mirada de tus ojos al pasar frente a mi. Y tú, sabes que di lo que podía, pero entonces no podía ofrecer más, y no sé por qué.
Y tú mejor que nadie, deberías saber, que tú y yo teníamos escrito el mismo camino.
Pero después del rosario saliste corriendo, cuando te pregunté tu nombre, giraste la cara, y cada 5 de agosto el telefóno no sonó. En las cafeterías de la alameda no te encontré ni bajaste a las de mi barrio. Cuando me cansé de esperar no hiciste nada por retenerme, y te escondiste cuando te quise decir lo que pensaba de ti. Y tú, esquivaste mi mirada un día tras otro. Y cuando me esforcé por darte más lo dejaste de lado con desprecio.
Y tú, mejor que nadie, deberías saber que cada golpe aplastaba más mi corazón, helándose del frío metal.
Y hoy, es domingo por la noche, y he recorrido los bares como sila vida se fuera, mientras recordaba todos los golpes... y sentía que soy un fracasado. Pero tú también lo serás.
0 comentarios