Sueños
¿Por qué voy a escribir estos sueños? Hay gente que los interpreta. Yo pienso que solo son fantasías de tu mente, pero son extraordinarios, porque las cosas son diferentes y más intensas que en la vida misma. Escribiéndolos, veremos, dentro de algún tiempo, si eran meras fantasías o querían decir algo.
Cruzaba Felipe II. Era la Sevilla que habrá dentro de unos veinte años. Nada tenía que ver con la que hoy conocemos. Y al terminar la calle, comenzaba a la derecha aquel edificio espectacular. Sobre arquitectura antigua de piedra gris se levantaba un inmenso edificio: La gran caramelería de moda. Era un edificio propio de un cuento, tipo película americana en blanco y negro, se elevaba unos cuatro pisos para alcanzar una enorme terraza con vistas al mar, que quedaba al lado contrario a la calle de acceso, mar salpicado de enorme piedras de hielo. En ese mirador, todo el mundo se sentaba a elegir que tomar entre las ofertas de la carta de productos de caramelo. A un extremo de la gran terraza, se abrían las puertas al mostrador del que salían los camareros con las bandejas cargadas. El edificio seguía levantándose desde ese extremo, varias plantas más, envuelto en un cielo curiosamente anaranjado.
Si optabas por pasar de largo de la caramelería, a la izquierda, se abría una plaza inmensa, lugar de congregación de turistas y lugareños a la búsqueda de ocios de domingo, llena de mesas diseminadas por las distintas cafeterías ubicadas en ella, con una gran fuente en medio. La plaza podía tener un diámetro similar al de la Plaza de España, el suelo era de color rojo despintado, y el ambiente gris. Era espectacular. Jamás había visto nada igual. Me despertaron unos turistas que preveían llegar a París en dos horas y media.
Pasé a otro sueño, más sencillo, pero más propenso al goce. Coincidí con ella en una pequeña casa de playa, donde había congregadas varias personas. Allí conocí que tenía dos hijos. Por primera vez en mi vida, no me importó que la persona con la que pretendía flirtear viniese con premio, como dicen mis amigos cuando bromeamos. Es más, ni siquiera me importó. Fue bonito verla en ese sueño, y compartir con ella los momentos más estrechos que hasta entonces habíamos tenido. ¿Quien era? Alguien a quien justo había visto dos días antes.
Los sueños aún me llevaron a un tercer lugar, no sé si para jugarme una mala pasada, para ponerme en mi sitio, o para regalarme algo. Solo recuerdo nebulosas, cosas vagas que no soy capaz de poner en pie. Son sueños de los que solo recuerdas alguna imagen concreta que a lo largo del día aparece repentinamente en tu cabeza como un destello, y que sabes que pertenecía a ese sueño pasado y se ha escapado un segundo para aparecer en tu cabeza despierta e irse corriendo. No recuerdo nada bien, solo ese destello que se fue, según el cual, en un momento, tú estabas allí, de espaldas a mi, y giraste la cara para mirarme.
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