El mejor momento de tu vida.
Hoy no es el mejor día de mi vida. Ni siquiera es un buen día. En realidad, creo que es uno de esos días malos en que te sientas a escribir para calmar tus inquietudes. Y lo cierto es que no ha pasado nada que no haya sucedido ya varias veces cada ciertas fechas, que no ha pasado nada que convierta este día en excepción a la vulgaridad ordinaria, que no forme parte de la sucesión habitual de episodios rutinarios. Pero me siento con las manos vacías y no sé como se arregla eso.
Sin embargo, dentro de la rutina, un pequeño fragmento de mi historia, insignificante para los demás, puede para mi, ser un motivo de vuelco al corazón o fuente de ensoñaciones. Como el de ayer, 28-03-09.
Un día conoces algo que te gusta. Puede ser cualquier cosa: un músico, un trabajo, un tema interesante, alguna materia desconocida, o simplemente algo que hay en un escaparate... Empiezas a interesarte por ello, procuras saber más cosas acerca de, y por fin, una vez conocidos los detalles, quieres que sea para ti. Por eso pones los medios para acercarte, tiras el lazo y lo agarras... o fracasas. Entonces, cambias el nudo y vuelves a tirar la cuerda, a ver si esta vez...
Con la gente pasa algo parecido, aunque no igual. Conoces a una persona un día, te la llevas puesta en la retina, y anhelas el momento de volver a verla. Poco a poco, cuando conoces más cosas, no quieres solo verla, quieres más de esa persona, así que das los pasos hacia ella, tiras el lazo, y responde... o fracasas. Con las personas, nunca sabes si tendrás una segunda oportunidad de volver a lanzar la cuerda después del primer fracaso.
En mi caso he aprendido, gracias a mi experiencia, que cuando quiero a alguien de veras, y quiero seguir disfrutando de su presencia, no debo querer más de lo posible, porque provocaré la estampida. Así pasó al menos en el episodio al que más relevancia di de mi pasado. Jamás volví a verla. Y debí aprender. ¿No es acaso mejor poder verla cada día, y disfrutar de ella, que querer más y provocar que se esfume? Conformarte con disfrutar las pequeñas cosas, que no perderlo todo por quererlo todo.
Es como cuando apuestas doble o nada, pierdes y lo pierdes todo. Y yo, prefiero seguir teniendo la posibilidad de cambiarte dos palabras, y no provocar tu huida. Aunque a veces, me pueda traicionar a mi mismo, yendo más allá de lo permitido. Porque también a veces, no me creo esto que estoy escribiendo y me apunto al carpe diem.
Dicen que cuando estás enamorado se te acelera el corazón cuando te cruzas con esa persona o hablas con ella, y así debe ser... entonces ¿será que estoy enamorado? Porque el corazón me late cuando cruzo dos palabras con ella. Pues entonces no he elegido bien porque supongo que para ella soy un algo indiferente. Y además, cuando alguien te acelera el corazón, estás condenando al fracaso, es ley de vida: Enamorarse demasiado, no sé por qué, siempre te convierte en perdedor.
Así que por un rato, cuando te veo, el mundo en que vivo, gira sobre ti, y al desaparecer, pongo los pìes en la tierra, enciendo un cigarro, y aunque sueñe contigo, encaro un mundo en el que no existes.
1 comentario
Sentinela -
De todos modos enamorarse demasiado sólo te convierte en perdedor cuando la otra persona no se enamora de ti de igual manera.