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Corazon de segunda mano

Cenizas

Pasar contigo un rato charlando era de lo que vivía últimamente. De lunes a sábado esperando el rato en que encontrarte en Moderniste y poder estar contigo unos minutos o unas horas, aunque fuéramos dos amigos. Ayer fue más difícil, estabas rodeada de chicos que te cortejaban y tú reías sin parar. Yo estaba a tres metros de ti, rodeado también de varias mujeres, pero calcinándome por dentro. Y te buscaba con la mirada pero nunca encontraba la tuya, parecía que te daba igual que estuviese allí.

Más tarde coincidí contigo. Salí a fumar un cigarro y saliste con tu amiga detrás, tu amiga se colocó a mi lado, y tú la dejaste a ella entre tú y yo, como si guardases las distancias. Fueron los pocos segundos que cambiamos algunas palabras con gente alrededor. Entonces salieron tus amigos convenciéndote para ir a Cabuki, al principio dijiste que no, por quedarte con Rocío, y entré hacia dentro. Parece ser que luego aceptaste, porque entraste detrás mía, te sostuve la puerta y me dijiste que ibas a buscar a Rocío porque te ibas. ¿Y qué iba a decirte? ¿Qué te quedaras conmigo? Me quedé a medio camino y cuando volviste a salir te dije adiós con un gesto con los labios, tú me miraste y solo sonreíste.

Me quedé con más gente en el bar. Una chica no dejaba de hablarme y yo estaba pensando en ti. Me quedé por cortesía, deseaba marcharme a casa porque ya no estabas. Por fin dije que me iba, la chica me pidió que no me fuese, me cogió las manos y me dijo “quédate un rato”, le dije que tenía las manos frías y debía irme. Entonces me cogió el brazo y con él rodeó su cintura. Educadamente lo retiré y le dije que estaba destrozado y debía irme. En realidad estaba destrozado, pero no físicamente.

No pegué ojo en toda la noche, conseguí dormir algo sobre las 5, y soñé que estaba contigo y que te marchabas a una discoteca en un polígono industrial con un grupo de amigos y amigas. Soñé que me despedía de mis amigos para irme a casa, pero en realidad me iba a esa discoteca a buscarte, sin saber que excusa pondría cuando te viera. Llegué a la discoteca y estaba formada por varias naves enormes, había personas mayores maltratadas por la vida, a las que nada les importa, marroquíes vendiendo drogas, gente desfasada por el alcohol y los vicios por todos lados, y ladronzuelos y mangantes. Aquello parecía el infierno. Te busqué por todas las salas, una a una, dando vueltas sin verte, dí más y más vueltas en la desesperación de no encontrar tu rostro entre aquella inmundicia. Era una sensación horrible. Pensé que no habrías ido allí al final y decidí irme a casa ... en el trayecto desperté de la pesadilla. Cuando despiertas de la pesadilla sueles respirar, pero mi mundo no era mejor que la pesadilla, porque tú tampoco estabas.

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