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Corazon de segunda mano

Amores platónicos...

Amores platónicos...

Cuando estaba en la facultad, solía pasar el tiempo estudiando e iba solo a las clases indispensables. Llegaba con el tiempo justo de fumarme un cigarro antes de empezar, y me gustaba sentarme en la última fila, que al mismo tiempo era la más elevada en altura, ya que eran aulas estilo gradas de fútbol. Me gustaba ese sitio porque siempre he preferido pasar desapercibido y he odiado el protagonismo, aunque en ocasiones contadas lo asuma, y porque también me gusta controlar todo, y desde allí veía toda el aula, sus componentes e integrantes… 

En el tercer curso, desde esa ubicación observé la presencia de una chica, que tenía algo especial, pelo cobrizo y aspecto “hippie pijo”, lo que yo llamo desaliñado, es decir, informal pero atractiva… cada día que llegaba a clase mis primeras miradas las dirigía a buscar la ubicación de aquella chica, y cada día la atracción por ella fue siendo mayor, al mismo tiempo que ella se daba cuenta de cómo la observaba. Yo era entonces muy tímido, por lo que no se me pasaba por la cabeza acercarme a ella en los descansos para hablar… simplemente me gustaba verla allí, y en alguna ocasión fue ella quien se volvió hacia mi para preguntar alguna cosa relativa a las clases, sin que yo supiera reaccionar prolongando la conversación… 

En los siguientes años de facultad no coincidí con ella en clase, solo me la cruzaba por los pasillos a veces, la miraba, y ella me devolvía la mirada… quizá no por la misma razón… quizá más bien se preguntaba quien era ese chico que estaba pendiente de ella cada vez que se cruzaban… Incluso recuerdo haber tropezado con ella en algún pub y teniéndola casi al lado, no haber hecho nada por conocerla… o en otra ocasión, verla con un chico, que debía ser su pareja… 

Pasó el tiempo, y gran parte de mi timidez, y en mi primer año como ser productivo, en 1999 creo… es decir, laborando, tropecé con ella una noche en un pub de Nervión que frecuentaba, de moda en aquella época, Embassy, el cual ya no existe. Entonces ya aplicaba la nueva máxima de “arrepiéntete solo de las locuras que no cometas…”, y me acerqué a ella, de manera tan torpe, que de repente cruzó delante mía, y solo acerté a decirle “¿Cómo te llamas?”, entonces ella, no sé si también por timidez, falta de reacción o por evitar a un moscón, me miró dos segundos sin decir nada, y siguió andando. Luego, más tarde, me pegué cabezazos una temporada por mi torpe actuación sintiendo vergüenza de mi mismo, e incluso le escribí una canción en mi retiro ecijano… tal torpeza mía solo merecía la derrota. 

Pasó el tiempo de nuevo y no volví a acordarme de ella, hasta que hace un par de años la vi paseando por mi barrio, iba con un señor y dos niños pequeños, siendo objetivos, con su marido y sus dos hijos, siendo deductivo… me sonreí para mi mismo.

Y hoy, escribo esto, porque me la he vuelto a tropezar, parece que nos dedicamos a la misma profesión… lo cierto es que cuando me he cruzado con ella he evitado mirarla… quizá le faltaba la chispa que tenía cuando estábamos en la facultad, aunque seguía estando guapa. 

Son lo que se llaman amores platónicos… ideales… quizá si hubiera hablado con ella alguna vez me hubiera decepcionado… no puedo evitar pensar que en otra ocasión, un 23 de febrero de 2.003, comencé a hablar por compromiso con una chica que no me llamaba en absoluto la atención, y porque no había visto manera de huir antes… y media hora después estaba completamente enamorado de ella… la vida tiene formas raras…

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