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Corazon de segunda mano

El tiempo pasa...

En mi vida actual, los fines de semana empiezan el viernes y terminan con el mediodía del domingo.

Porque aunque el viernes trabaje, la ilusión del fin de semana por delante lo hace un día festivo, y aunque el domingo esté ocioso, la cuenta atrás para el lunes, lo hace lúgubre.

El peor día es el lunes, que puede ser como una losa, al encontrarte los problemas programados para toda la semana, sin nada que te aporte una ilusión que compaginar, y con una larga fila de días en negro en el calendario de mesa hasta el primer día pre-rojo. 

El final del martes es siempre bienvenido, cuando cuentas que ha pasado ya media semana (domingo, lunes y martes) y solo quedan miércoles y jueves para el viernes, aunque esta segunda parte se ralentiza tanto...

Y entonces lo malo es que quieres que corran los días, que pasen rápido para llegar al sábado... Y me pregunto ¿para qué? si ningún sábado pasa nada, solo es el preludio de inicio de un nuevo lunes desanimado, queriendo entonces que se vuelva a acelerar el paso de los días ¿Y para qué quiero que se aceleren? Si no tengo que llegar a ningún lugar. ¿Que se aceleren para que la vida pase cuanto antes?

Claro, la única frase inteligente de este texto, es que la respuesta es que hay que saborear cada segundo de la vida, sea lunes o martes, estés bien o mal, en Praga o Benidorm... pero a eso hay que ponerle mucha voluntad y yo tengo pocas ganas de momento... 

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