Amuleto.
Elegí no ir a Madrid. Y como era de suponer, siempre que decides no ir a un sitio, luego resulta que tus amigos han pasado el mejor fin de semana de la historia universal. Y en este caso, encima, conocieron y compartieron copas y animada charla con una sex symbol popular, de las que todos hemos admirado en las revistas y en la tele como algo inalcanzable. Y no es porque se lo inventen para darte envidia, es porque yo tengo tan mala fortuna que si llego a ir, hubiera sido un fin de semana aciago, y si no voy, lo que fue... Solo cuestión de suerte.
Hace años que lo sé: Aunque yo no tenga suerte, soy una especie de amuleto, le doy la suerte a todos los que se pegan a mi. Si alguien entra en mi círculo cuando está tocando fondo, empiezan a sucederle cosas buenas, hasta alcanzar sus deseos. Lo malo es que cuando ya está flotando en la abundancia no se acuerda de quien le regaló la fortuna. Tengo varios ejemplos gráficos, aunque tiendo a olvidarlos.
Uno de ellos, la noche que conocí a B., ella estaba tocando fondo, le dije, convencido, que le sucederían tres cosas que cambiarían su vida dando un giro de 180 grados, se las enumeré, y a día de hoy, puedo decir con certeza que acerté, aunque al cumplirse las dos primeras, se olvidara el amuleto en su tierra. Como suelo romper relaciones con estas personas, no conozco los efectos secundarios a largo plazo de tal pacto con el diablo.
Sin embargo, yo, soy incapaz de darme un poco de suerte a mi mismo. Pero todo me da igual, con tal que mi sobrinito se ponga bueno, y mañana ría como siempre. Lo demás no importa.
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Sentinela -