Rebelde.
Enfilaba con el coche los primeros tramos del Puente de las Delicias, y mirando al infinito más allá de la barandilla, pensé, que cada uno elige su propia vida y lo que tiene es lo que realmente quiere.
Bajaba los últimos tramos del puente para girar a la derecha, y mirando el extenso campo de la feria, pensé, que vale, pero que todos estamos condicionados por unas variables imposibles de mutar.
Ahora, lo veo claro, cada uno puede ser feliz o desgraciado, según la capacidad para asumir tu propio margen de actuación y tus limitaciones. Los rebeldes son desgraciados.
No debería pensar tanto.
0 comentarios