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Corazon de segunda mano

Reflexiones

Mi puta vida

No me dejo caer últimamente mucho por aquí... no es que no tenga cosas que contar, porque en realidad nunca las tengo, lo que hago es más bien reflexionar, sino por pereza por escribir. Pues sí, aunque suene extraño que a una persona a la que le gusta escribir, sienta pereza para hacerlo, creo que es lo que me pasa. 

¿Y cuál es el motivo? Imagino que me he metido en una dinámica complicada y eso me provoca ese alejamiento del recogimiento en la escritura. Lo cierto es que creo que con el tiempo, con los avatares de la vida, y con las experiencias vividas que empujan, he ido alejándome de la forma idealista y soñadora de ver la vida, que te permite abrir la puerta a la inspiración para crear lo que sea, y aferrándome a una vida materialista y mundana, que solo permite la búsqueda de los placeres terrenales.

Y aunque a veces me sale la vena de esa vida que he escondido y medio sepultado, apenas sale me doy cuenta de los escasos resultados prácticos que comporta en la sociedad en la que vivimos, y tan pronto la escondo y vuelvo al practicismo mundano, las acciones vuelven a subir en bolsa.

Es triste, pero es así. Lo malo es que puede que el resultado al final del camino sea aún peor. 

Soñador.

Siempre he sido, duro, serio y antipático por fuera, pero idealista, soñador, y un pelín sentimental por dentro. Eso sí, nunca un romántico. No confundamos romántico con idealista. 

Con base en esa mezcla compleja, hubo un tiempo en qué miraba para arriba y le pedía a Dios que en ese día me ocurriese algo especial, que me trajera ilusión. Lo curioso es que solía ocurrir algo... Creo que en algún texto, conté la historia de Vanesa, y si no, algún día lo escribiré, pues no puede faltar.

Dejé de hacerlo hace muchos años ya. Y hoy como es Reyes, voy a reactivar aquella práctica aparentemente absurda, a ver si ocurre algo hoy...

Aparentar

Jodido con faringitis. Hastiado de esa sensación de dolor en la garganta que no da tregua en las veinticuatro horas del día. Y así desde el sábado ¿por qué? por la reunión de antiguos compañeros de promoción dos décadas después de que cada uno siguiera su rumbo. Pues eso, doce horas de actos, comida, barra libre, tabaco y hablar sin parar, lo que sobre un pequeño dolor de garganta creó una faringitis. Así que aquí ando, con Ibuprofeno, Omeprazol y Lizipaina...

De la comida pensaba, que había una cosa positiva y negativa a la vez. Creo que en tantas horas que hablamos, apenas nos dedicamos a recordar anécdotas del pasado escolar, si no más bien a hablar del presente y del futuro. Eso es que somos jóvenes aún y sabemos que hay más que hacer que recordar. Punto positivo.

Y el negativo, que ese hablar del presente y del futuro provocara que todo bicho viviente me preguntara cómo es que no estaba casado y si pensaba casarme. Lo cual supongo que es extraño cuando de los 60-70, apenas habíamos 5 o 6 solteros. Acabé un poco harto de repetir la misma historia "hay dos caminos y eliges el que más te gusta...", "yo no tengo sentimiento paternal...", "se está mejor soltero sin tener que dar explicaciones a nadie, valoro mi libertad...", "no aguanto a una mujer dos días seguidos, jeje..." y los clásicos tópicos. La verdad es que no me había preparado para tener que responder a eso constantemente aunque suponía que ocurriría. La verdad es que tampoco sé si estar soltero lo he elegido yo o es lo que me ha tocado en la partida.

Y no creo que fuera correcto responder "es que me enamoré una vez de alguién, me dejo tirado, y no he vuelto a sentir nada igual... no ha llegado la hora de ser conformista... y encima no ligo..." No hubiera quedado bonito, aunque hubiera sido más real.

Así, que opté por una vez en mi vida por el fantasmeo, por una vez, algunos pegotes, algunas mentiras, sobre lo maravillosa que es mi vida, sobre las mujeres, sobre lo sobrado que voy... ya sé que las mentiras pasan factura, que una mentira lleva a otra, que es un circulo vicioso, por eso nunca miento. Pero por una puñetera vez, me quedé a gusto. Ahí lo llevaís.

 

 

 

Facebook

Hay gente que tiene miedo a que su vida pase y no haya significado nada, que no importe a nadie. Y necesitan ser estrellas o destacar en lo que hacen, para que la gente les rinda admiración y así sentir que su vida está dejando huella en los demás.

Y no se dan cuenta de que para que tu vida sea importante tiene que empezar por el interior, no por el exterior. Porque los que te admiran te olvidarán, rápidamente, y a causa del motivo más simple y pasajero.

Facebook es la floración de muchas de esas personas frustradas. Se levantan por la mañana y nos van contando lo maravilloso que ha sido su despertar, lo estupendas que van a ser sus vacaciones, lo increíble que son los proyectos que tienen en la cabeza, y cada detalle de su vida, que colorea de inigualable, y para los que lo leemos es... simplemente insípido. Y lógicamente necesitan llenar su facebook de amigos, porque necesitan público que lea todas sus aburridas ideas cotidianas.

Alguién podría decirme ¿Y tú no escribes un blog? Sí, la diferencia es que yo no necesito público, y que no cuento mis "envidiables" peripecias en cada momento, esto es la desgraciada historia de mis sentimientos y la escribo para mi, porque jamás he dado esta página a ninguna persona a la que conozca en persona.

Quetu vida tenga contenido es algo que solo llegará cuando lo hagas crecer desde tu interior, y no haciendo creer a los demás que tu vida es plena.

 

Navidad: fiesta cristiana.

La fiesta de la Navidad es una fiesta cristiana, y se celebra el nacimiento del niño Jesús en Belén, si bien es cierto que en otras culturas se celebra también el 25 de diciembre otra fiesta, pero también de carácter religioso. Sin embargo, había personas que querían celebrar la fiesta pero desprenderla del significado religioso, lo cual es de capullos absolutos, pues ya podían haberse creado su propia fiesta y dejar a los cristianos en paz con la suya, pero los ateos, agnósticos... no se limitan a pasar de lo religioso, quieren además atentar contra ello.

Pues bien, así nació la Navidad de Papa Noel. Trataron de arrinconar el portal de belén, la misa del gallo, o los reyes magos, y sustituirlos por los comercios luminosos, las comidas de navidad y Papa Noel, de modo que muchas personas fueron perdiendo las reuniones familiares clásicas de estas fechas para ser llevadas a un sentido de la navidad absolutamente comercial, en que priman los regalos, las juergas, o los espectáculos televisivos, y donde huelga cualqueir referencia al niño Jesús, que es el verdadero motivo de la fiesta. 

Y hoy cuando escribía mis felicitaciones, observaba que todo el mundo éscribía lo de ¡Feliz Navidad! y alguna referencia a la salud, al dinero y al amor...  cuando no te dicen que el año nuevo te traiga todo eso... ah! ¿pero el año nuevo trae esas cosas? Pues yo en todas mis felicitaciones voy a decir, que la salud y el amor te los traiga el niño Jesús, que para eso es Navidad, y ¿el dinero? ese os lo tendrán que devolver aquellos que crearon la Navidad pagana, que son los que se han quedado con él...

Porque le pese a quien le pese, es Navidad, y Navidad es una fiesta cristiana.

Al menos esta noche...

El domingo desperté a las 7, apenas llevaba dos horas durmiendo, y noté que algo iba mal en mi cuerpo. Fui al baño y no tuve fuerzas ni para orinar, volví a la cama y me tendí boca arriba.No sabría decir que me molestaba, ni que me dolía, pero el malestar era cada vez mayor, hasta que llegaron los sudores, las taquicardias, la falta de aire, debilidad, la sensación de que en ese estado no podía estar muchos minutos... Creí que había llegado mi hora, pero decidí no levantarme a pedir ayuda, si se pasaba bien, y si no, que fuera lo que Dios quisiera, así que cerré los ojos, y allí me quedé. Y fue pasando, hasta encontrarme mejor, y tan extenuado, que me quedé dormido, sin interrupción, hasta las 14 horas del día siguiente...

¿Y por qué escribo esto? No sé, lo primero que pensé es en tantas veces que me decía a mi mismo que no dejase las cosas para mañana, porque nunca sabes si el día siguiente llegará. Pero para esta vez, eso ya no valía. Porque no tengo absolutamente nada que hacer, nada que dejar para mañana.

He perdido cada batalla, una detrás de otra, y nunca entregué la espada, a pesar de la derrota siempre había una nueva batalla al día siguiente, pero esta vez, me pregunto si merece la pena continuar la guerra.

Me imagino, que es el estado de ánimo de esta noche, o quizá porque es lunes, o porque mi camarera es un sueño que se evaporó. Tal vez sea por la jornada de trabajo, porque ya anochece a las seis y media, o porque tengo una memoria que no permite formatear. Porque recuerdo a personas que ya me olvidaron, porque se jubiló mi barbero y en su lugar hay dos modernos con letreros luminosos, o porque el Sporting no ganará nunca la liga. O que me hago mayor. Pero el caso es que hoy me siento cansado de luchar por sueños que acaban tornándose imposibles. Me siento cansado de acostarme soñando algo que no llega nunca.

Y aunque mañana supongo que veré las cosas de otro color, hoy cerraría el telón y cambiaría toda mi vida. Soy un perdedor, vosotros habéis ganado.

Que no pase el tiempo.

La semana pasada me encontré a un amigo al que hacía año y medio que no veía. Era alguien con quien salía mucho, y de repente, se esfumó. Perder a un amigo con el que sales todos los fines de semana tiene un precio inmediato en el calendario de planes y cosas que hacer, especialmente a los treinta y tantos largos. Sin embargo, no he pagado un alto coste por ello.

Una semana después del encuentro, me vino a la memoria la casa donde él vivía en la época en que quedábamos, casa en la que hicimos alguna fiesta, y sentí añoranza. Pero no echaba de menos a mi amigo. Lo que echaba de menos es que el tiempo hubiera pasado. Que siguiera pasando, que no se hubiera quedado detenido en los buenos momentos.

Me he dado cuenta de que lo que realmente me preocupa es que el tiempo pase. Yendo más allá, me he dado cuenta de que lo que quiero es que nada cambie. Que todo siga igual a mi alrededor. Que permanezca siempre. Porque los cambios son un trayecto hacia algo que va a ser peor mientras no suceda nada que de un giro vertical a mi vida. 

Que nada cambie mientras no ocurra algo que la haga mejor. Cuando ese cambio suceda, ya todo puede evolucionar, ya puede cambiar, ya no tendré que sujetar el tiempo. Porque entonces, venga lo que venga, será bueno.

Creo... 

Miércoles

Estaba ahí, observando como se iba un día más. Uno más. Recién cobrado mi trabajo, con la posibilidad de inventarme unas buenas vacaciones pero sin la motivación suficiente, de momento. Decidí que mañana me daría un capricho, compraría Dolce Gabbana, ya se me ha acabado el frasco que compré hace un año en Santa Cruz, y que solo usaba los sábados... ¿me estaré volviendo pijo? Repasé mi agenda de teléfonos, no sé para qué... no estaba tu número. Me senté a escribir y no tenía nada sobre lo que hacer girar las letras. Y al final del día, recordé aquello que hacían en el Opusdei al final de cada día. Decían "examen" y se hacía el silencio por unos minutos, en que cada uno repasaba mentalmente lo que había hecho mal o bien durante la jornada y qué propósito debía en consecuencia ponerse para el día venidero. Creo que me sería muy útil volver a aquello, trasladándolo de la religión a mis mundanas vivencias.

La vida corre...

Estaba palpando las ruedas de las bicicletas de la estación pública, con el fin de coger una que estuviera medio en condiciones. Justo daba la espalda a la calzada para ver como estaba la rueda de la número 13, cuando detrás mía sonó un estruendoso impacto que me sobresaltó. Me giré lo suficientemente rápido como para ver dos motos y sus ocupantes volando por el aire a cuatro o cinco metros de mi. Se me quedó grabada la imagen de uno de ellos cayendo al suelo mientras se abrazaba al cuello del otro. Me pregunté cómo. entre tanto impacto y vuelo. ambos se habían agarrado el uno al otro antes de caer al asfalto, para terminar impactando con el suelo como a cámara lenta. Uno de ellos se levantó y el otro permaneció tendido, sin poder levantarse, denotando que había quedado lesionado.

Hice ademán de acudir en ayuda, para ver cómo se encontraba el herido, o ayudar a lo que hiciese falta, ya que de hecho, quizá, era el peatón más cercano, pero enseguida bajó gente de los coches, y en segundos había ya tres o cuatro personas alrededor, así que para no ser marabunta, permanecí al margen, y volví a la ceremonia de la elección de la bicicleta.

Aún pude fijarme como en lo que llegaba la ambulancia, paró un vehículo BMW en medio de la vía, y se bajó alguien, posiblemente médico, que al ver un lesionado decidió detenerse para atenderlo. Me pregunté si Blanca hubiera hecho lo mismo, y recordé cuánto odio a los médicos. Me marché en la bici, mientras me cruzaba la ambulancia y el coche de Policía Local que se dirigía al lugar de los hechos.

E iba pensando que la vida se puede esfumar en un segundo, en una simple decisión, en un simple acto, y que puede hacerlo cuando aún nos queden tantas cosas pendientes de hacer que habíamos ido posponiendo, y que ya nunca podremos terminar. Y me preguntaba, pero ¿Y las cosas que desearías hacer pero no está previsto que hagas ni estás destinado a hacerlas? Aquellas que sueñas y no te pertenecen... 

A dormir.

Me alegro de no haber terminado de escribir el jueves lo que estaba pensando. No haber escrito cosas que no estaban llamadas a suceder. De no haber sido el único estúpido que sueña con algo que la gente que te observa considera absurdo, fruto de la enajenación.

Y a pesar de ello, y también a pensar de las últimas letras que escribí en este blog, me siento triste, y vacío, porque falta algo en mi vida, y este fin de semana me he vuelto a acordar, aunque estos últimos días se me hubiera olvidado.

Traté de subirme la moral, y se me ocurrió aquello que dicen de que comprarte cosas, ahuyenta las penas, así que sin ningún reparo económico, me pasé toda la mañana comprando ropa buena, y el enorme gasto solo me sirvió para ahuyentarlas un ratito.

Me voy a la cama, pensando en lo poquito que me bastaría hoy para ser feliz y lo difícil que es. Me voy a la cama a soñar un ratito, a ver si el mundo paralelo, me depara algo bonito.

Falsos nuevos tiempos.

Llevaba toda la primavera sin correr, por miedo a que el polen se volviera contra mi, y hoy decidí ponerme chulo con el polen y enfundarme los calzones cortos para echar unas carreras por el parque. ¿El parque? Como siempre, lleno de grupúsculos de personas de cháchara mientras pasean los perros que se te meten por medio cuando vas trotando, y alguna que otra pareja medio escondida para besuquearse, a los que notas molestar cada vez que pasas corriendo frente a ellos. La única diferencia con el invierno eran las flores moradas caídas de los árboles que alfombraban la tierra, perdón por no conocer su nombre... Pero lo mejor, es esa sensación de liberación de las tensiones que queda después de un carrera de quince minutos. Es esa sensación de cansancio físico que relaja el cuerpo, y de oxigenación mental. Ahora, que las temperaturas empiezan a presagiar el verano, espero que esta sensación sea preludio de algo bueno. Porque lo cierto es que llevo unos días envuelto en una incomprensible actitud de "viva la vida", sin notas de autocompasión, que debe ser visible, porque el pasado sábado incluso ligué sin querer con una chica muy mona... y todo esto, no es propio de mi, y me preocupa.

El último asidero.

A veces piensas que tienes muchas buenas cartas en la mano. Y las guardas para cuando las necesites. Pero cuando llega el momento, empiezas a ponerlas sobre la mesa y adviertes, sorprendido, que ninguna tenía valor. Decepciona darse cuenta, y es en ese momento, cuando adquieres constancia de tu infinita torpeza, cuando sabes que debes empezar la partida desde cero, que el pasado, aunque duela, ya no existe, y que tu única salvación es mirar hacia adelante sin volver la vista atrás. Y que hay que ser valiente para ello.

Se me acaba el invierno...

Y ya no sé si es que soy un perdedor o es que pretendo llegar a lugares imposibles... me desespero pero vuelvo a creer en mi lo suficiente para empezar cada semana desde cero. Soy capaz de los pensamientos más contradictorios, puedo pensar que guardo dentro de mi lo mejor del mundo que nadie ha visto o pensar que estoy completamente vacío, que no hay más que lo que ves... puedo ser el más guapo o el más feo delante del espejo... Puedo ser el más cabal y el más loco, el más inteligente y el más estúpido... la diversión y la melancolía... puedo ser tantas cosas, y no soy nada...

Rebelde.

Enfilaba con el coche los primeros tramos del Puente de las Delicias, y mirando al infinito más allá de la barandilla, pensé, que cada uno elige su propia vida y lo que tiene es lo que realmente quiere.

Bajaba los últimos tramos del puente para girar a la derecha, y mirando el extenso campo de la feria, pensé, que vale, pero que todos estamos condicionados por unas variables imposibles de mutar.

Ahora, lo veo claro, cada uno puede ser feliz o desgraciado, según la capacidad para asumir tu propio margen de actuación y tus limitaciones. Los rebeldes son desgraciados.

No debería pensar tanto.

Amuleto.

Elegí no ir a Madrid. Y como era de suponer, siempre que decides no ir a un sitio, luego resulta que tus amigos han pasado el mejor fin de semana de la historia universal. Y en este caso, encima, conocieron y compartieron copas y animada charla con una sex symbol popular, de las que todos hemos admirado en las revistas y en la tele como algo inalcanzable. Y no es porque se lo inventen para darte envidia, es porque yo tengo tan mala fortuna que si llego a ir, hubiera sido un fin de semana aciago, y si no voy, lo que fue... Solo cuestión de suerte.

Hace años que lo sé: Aunque yo no tenga suerte, soy una especie de amuleto, le doy la suerte a todos los que se pegan a mi. Si alguien entra en mi círculo cuando está tocando fondo, empiezan a sucederle cosas buenas, hasta alcanzar sus deseos. Lo malo es que cuando ya está flotando en la abundancia no se acuerda de quien le regaló la fortuna. Tengo varios ejemplos gráficos, aunque tiendo a olvidarlos.

Uno de ellos, la noche que conocí a B., ella estaba tocando fondo, le dije, convencido, que le sucederían tres cosas que cambiarían su vida dando un giro de 180 grados, se las enumeré, y a día de hoy, puedo decir con certeza que acerté, aunque al cumplirse las dos primeras, se olvidara el amuleto en su tierra. Como suelo romper relaciones con estas personas, no conozco los efectos secundarios a largo plazo de tal pacto con el diablo.

Sin embargo, yo, soy incapaz de darme un poco de suerte a mi mismo. Pero todo me da igual, con tal que mi sobrinito se ponga bueno, y mañana ría como siempre. Lo demás no importa.

 

El tiempo pasa...

En mi vida actual, los fines de semana empiezan el viernes y terminan con el mediodía del domingo.

Porque aunque el viernes trabaje, la ilusión del fin de semana por delante lo hace un día festivo, y aunque el domingo esté ocioso, la cuenta atrás para el lunes, lo hace lúgubre.

El peor día es el lunes, que puede ser como una losa, al encontrarte los problemas programados para toda la semana, sin nada que te aporte una ilusión que compaginar, y con una larga fila de días en negro en el calendario de mesa hasta el primer día pre-rojo. 

El final del martes es siempre bienvenido, cuando cuentas que ha pasado ya media semana (domingo, lunes y martes) y solo quedan miércoles y jueves para el viernes, aunque esta segunda parte se ralentiza tanto...

Y entonces lo malo es que quieres que corran los días, que pasen rápido para llegar al sábado... Y me pregunto ¿para qué? si ningún sábado pasa nada, solo es el preludio de inicio de un nuevo lunes desanimado, queriendo entonces que se vuelva a acelerar el paso de los días ¿Y para qué quiero que se aceleren? Si no tengo que llegar a ningún lugar. ¿Que se aceleren para que la vida pase cuanto antes?

Claro, la única frase inteligente de este texto, es que la respuesta es que hay que saborear cada segundo de la vida, sea lunes o martes, estés bien o mal, en Praga o Benidorm... pero a eso hay que ponerle mucha voluntad y yo tengo pocas ganas de momento... 

Sin tener adonde ir (II)

Y después me quedo pensando...

Que a veces, las bromas y chistes de la gente me parece que no tienen la más mínima gracia, que se hacen por el mero hecho de decir algo. 

Que a veces, no entiendo cómo la gente se traga esos concursos y programas de televisión que no tienen sentido ni fin alguno, para cerebelos planos.

Que a veces no entiendo la manera de llenar el tiempo de mucha gente.

 Que otras veces, las conversaciones de la gente, suenan absurdas, y prefiero permanecer callado a decir una soplapoyez. Me hace gracia recordar ahora que Diana me dijo que, un día, cenando con gente, la aburrían y echó de menos mi conversación "interesante e inteligente". Mi conversación interesante… me debo haber perdido algo.

En definitiva, son esos momentos en que es como si te hubieras salido del mundo para contemplar desde fuera lo que hacen los demás y tú mismo, y desde esa nueva perspectiva, no entiendes nada de lo que dentro parecía normal...

Y finalmente, no entiendo qué sentido le da cada persona a su vida, quizá porque yo estoy en continua búsqueda del mismo, y no sé si soy el único que lo busca o el único que no lo ha encontrado.

 

Sin tener adonde ir (I)

Salía de casa, y me encontré marabuntas de personas yendo hacia el campo de fútbol, con las camisetas, bufandas y demás avíos de su equipo, como el que se dirige a la guerra santa, a la madre de todas las batallas, con el traje de ceremonia, con prisas, nervios y caras desencajadas. 

Antes de entrar al campo se agolpaban en una cafetería porque televisaban al eterno rival... y grupos de jóvenes y no tan jóvenes gritaban a coro por la calle, para que todo el mundo se enterase "¡A segunda! ¡A segunda!" Alguno parecía que se iba a extenuar de tanto gritar a pleno pulmón, con tanto nervio. No sé si sabrían que por gritar más, el rival no iba a bajar más rápido.

Me quedé pensando ¡Cuánta gilipoyez! La gente pasa la semana trabajando para comer, y el mayor sentido de sus vidas es que su equipo de fútbol gane el domingo...

No odio el fútbol, me gustaba, y jugaba muy bien, no es pegote, quien me lea sabe que mi autoestima no permite autoadmiración, pero es la verdad, ganábamos campeonatos aficionados, y a mi me seleccionaban entre los mejores de cada campeonato.

Pero ¿no hay cosas más interesantes que hacer un domingo que seguir con la vista una pelota de fútbol? ¿O yo cada día le veo menos sentido a todo lo que me rodea?

Quizá sea porque no estás aquí hoy…

 

 

Fin de año

Se acerca el fin de año, y lo cierto es que, acepto ya de entrada lo patética que será mi bienvenida al año nuevo. Vale, me rindo, no hace falta que el que mueve los hilos se esfuerce en joderla más, que descanse un poco. Pero al menos intento buscar la forma de pasar el trago con el menor sabor amargo posible.

Si se me ocurre ir de fiesta, la pasaré con los amigos tomando copas, haciendo las bromas de siempre, con un azote melancólico ocasional (que no sé por qué siempre ataca cuando vas solo al baño), y sin conocer a nadie interesante. Eso sí, no faltará la célebre frase de "si es que teníamos que haber ido a... que ya os lo dije" Así que volverás a casa con los bolsillos vacíos, sin haber hecho nada especial, y con todos los boletos para tener un mal cuerpo de espanto al día siguiente.

El día siguiente, ese gran traidor. Porque si decides quedarte en casa, el día empezará a las 24 horas, los putos cohetes empezarán a sonar por doquier, con el consiguiente fastidio, y esa sensación extraña de "todo el mundo se lo pasa bien menos yo"... Lo mejor es tener una buena peli y quedarte pronto dormido... quiero decir lo mejor dentro de lo malo. Y el día siguiente... la ciudad fantasma, todo cerrado, ni un alma por la calle, ni un sitio donde ir... Son esos días en que te aburres como una ostra, y eres capaz de llamar al amigo más coñazo con tal de sentir que alguien existe, pero seguramente  acabas dando vueltas con el coche sin saber adonde ir o recorriendo en la bici esos lugares...

No pienso mirar el móvil... ninguna de las mujeres que han sido importantes en mi vida me va a llamar. Yo cuando espanto a las mujeres, lo hago como un profesional, aunque eso será ocasión de flagelo en otro momento.

Tengo mi idea de cual sería el fin de año perfecto, pero no está en el catálogo de opciones ¿Para qué contarlo?.

Es verdad, también hay que mirar lo positivo. Sí, debería pensar en ello... estar con mi familia, eso es muy bueno, lo mejor, mis amigos, y que no tendré que trabajar hasta el siguiente lunes, y que habrá otro sábado por medio para espantarte... ya me entiendes... y a ver si buscamos un parche para el corazón de los domingos.

Ya lo dijo Max "Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas."

¿Madurar?

No sé que psicólogo decía que madurar es enfrentarse a la realidad, vivir el día a día, y eliminar sueños o quimeras, la costumbre de fantasear sobre historias que nunca ocurrirán, vivir la realidad y matar la ficción, o sea, que si imaginas demasiado, eres un inmaduro.

 

Pues entonces madurar es una putada, porque si te ha tocado una vida jodida y no te permiten evadirte con ensoñaciones o esperanzas de algo que sabes que será jodido lograr, te condenas a rebozarte por tu miseria veinticuatro horas al día, aunque claro, ya puedes presumir de ser un ejemplo ilustrativo de madurez, un modelo de persona responsable de esta sociedad, bien vista en los círculos sociales.

 

¿Por qué coño tiene que estar reñido el enfrentarse al día a día con el tener tu espacio de evasión de la puta realidad? ¿Por qué el ser maduro tiene que corresponderse necesariamente con un determinado comportamiento social si debería ser algo ad intra? ¿Por qué para ser maduro hay que seguir las pautas que te marca la misma sociedad que te hunde en la miseria? Que cada uno piense lo que quiera…