Soñador.
Siempre he sido, duro, serio y antipático por fuera, pero idealista, soñador, y un pelín sentimental por dentro. Eso sí, nunca un romántico. No confundamos romántico con idealista.
Con base en esa mezcla compleja, hubo un tiempo en qué miraba para arriba y le pedía a Dios que en ese día me ocurriese algo especial, que me trajera ilusión. Lo curioso es que solía ocurrir algo... Creo que en algún texto, conté la historia de Vanesa, y si no, algún día lo escribiré, pues no puede faltar.
Dejé de hacerlo hace muchos años ya. Y hoy como es Reyes, voy a reactivar aquella práctica aparentemente absurda, a ver si ocurre algo hoy...
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