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Corazon de segunda mano

Que no pase el tiempo.

La semana pasada me encontré a un amigo al que hacía año y medio que no veía. Era alguien con quien salía mucho, y de repente, se esfumó. Perder a un amigo con el que sales todos los fines de semana tiene un precio inmediato en el calendario de planes y cosas que hacer, especialmente a los treinta y tantos largos. Sin embargo, no he pagado un alto coste por ello.

Una semana después del encuentro, me vino a la memoria la casa donde él vivía en la época en que quedábamos, casa en la que hicimos alguna fiesta, y sentí añoranza. Pero no echaba de menos a mi amigo. Lo que echaba de menos es que el tiempo hubiera pasado. Que siguiera pasando, que no se hubiera quedado detenido en los buenos momentos.

Me he dado cuenta de que lo que realmente me preocupa es que el tiempo pase. Yendo más allá, me he dado cuenta de que lo que quiero es que nada cambie. Que todo siga igual a mi alrededor. Que permanezca siempre. Porque los cambios son un trayecto hacia algo que va a ser peor mientras no suceda nada que de un giro vertical a mi vida. 

Que nada cambie mientras no ocurra algo que la haga mejor. Cuando ese cambio suceda, ya todo puede evolucionar, ya puede cambiar, ya no tendré que sujetar el tiempo. Porque entonces, venga lo que venga, será bueno.

Creo... 

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