Fin de la jornada.
Fue un día largo, no especialmente fructífero, y muy caluroso. Compartido con cuatro compañeros de profesión, dos casados y dos divorciados, siendo yo el único soltero. Me fastidió invitar a todos a café y no ser luego correspondido en lo que esperaba.
Llegué a casa con un ligero dolor de cabeza, pero con la sensación de haber quedado liberado de todo lo ocurrido en el trayecto de la jornada. Aún hacía bastante calor cuando me senté delante del televisor, con las piernas en alto, a "pasar de todo".
Hice unos cogollos con anchoas y un perrito caliente, mientras veía "Desafío extremo" en la cocina, una de las pocas cosas que me gustan en televisión, que terminaba a la par que mi melocotón.
Solo después de disfrutar de todo ello, al sentarme frente al ordenador, con la cama detrás, me paré a pensar, que me había faltado que una pareja me esperase en casa, con la que compartir esas cosas, y retozar después de la cena... Y me acordé de cuanto echo de menos verte, desde que subieron las temperaturas.
Y es que, aunque otras llenen espacios, el tuyo siempre está reservado.
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