Sobre lo que llaman amor (II)
Cuando conocí a Blanca, conocí a una persona que jamás había pensado que pudiera existir. Ella reunía, en su forma de ser y comportarse, virtudes de las que hoy carecen el 99% de las mujeres. Me enamoré, y desde ese momento, deseaba compartir las cosas con ella o buscar un resquicio por donde lograr que fuese feliz con mi participación. Me hizo sentir cosas que nunca había sentido, y no sé si volveré a sentir, y al mismo tiempo una urgente necesidad de ella, que se volvió contra mi... como siempre que te gusta alguien de verdad, me volví torpe, muy torpe en mi trato con ella... muy poco hábil, llevado por el corazón... poco inteligente...
Pero nadie dijo que el amor de tu vida tuviese que ser correspondido, y al menos, no lo fue de la manera que yo hubiera querido, así que fui uno más de aquellos kamikazes enamorados. Era algo que intuía. llegué a tocar el cielo, y después bajé a los infiernos. Jamás entendí por qué su distanciamiento debía implicar no volver a tener contacto alguno jamás. Quizá interpreté mal las cosas... sí, a día de hoy, pienso que fue eso, lo que confirma que fui un completo imbécil.
Después de un gran enamoramiento viene el big ban. La primera fase, la de contracción, es depresiva, cuesta levantarse de la cama, y nada tiene sentido ni apetece cuando sabes que nunca volverás a verla, los fines de semana los aprovechas para matarte un poco a base de borracheras, trayectos incoherentes, falta de sueño, y ceniceros rebosantes de colillas. No te interesa ninguna mujer, porque además estás convencido de que ella volverá, y te juras esperarla... absurdo, cuando ella seguramente ni siquiera se acuerda de ti... La autoestima acaba tocando fondo y la guitarra solo inventa canciones sangrantes. Y entre todo eso, mezclado con ello, algún mensaje lanzado al aire, tan ridículo y desesperado como suicida. Y es que se acumula mucha rabia, mucho dolor y mucha impotencia.
Y después viene el efecto expansión, tras de un par de años de luto, con tu forma de ser tocada o cambiada por la experiencia interna vivida, aleccionado en el arte de no volver a pasar nunca por otra historia igual, sin respeto ni estima por las cosas que te rodean, sino más bien desprecio, decides salir de la cueva para demostrar, no sé si a ti mismo o a quien, lo que vales. Y entonces, empiezas a tener relaciones que te importan poco, porque aún la herida no dejó completamente de sangrar, y por eso, que todo te importa poco y nada valoras, ligas con una facilidad que nunca habías tenido ni imaginado, y vas haciendo daño a todas las mujeres que comparten parte de tu viaje.
Pero no importa, la justificación es siempre que solo devuelves una mínima parte del daño que te han hecho, y que además, estás en tu derecho de hacerlo, que se fastidien. A veces, incluso lo tomas como una venganza personal, como una revancha frente al mundo, porque el mundo también es culpable de tu historia.
Pero cuando termina el big ban, las cosas vuelven a su cauce normal, vuelven al lugar en que estaban justo antes de conocerla, a tu rutina sentimental habitual, con la diferencia de que ahora tienes un puñado de recuerdos en la bolsa, unas cuantas canciones escritas sobre ella, y una cicatriz que molesta cuando va a cambiar el tiempo.
0 comentarios