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Corazon de segunda mano

Tocando fondo...

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Y lo dije alguna vez. Quizá para ser feliz basta con aprender a ser consciente de tus limitaciones, aceptarlas y convivir con ellas. Pero a mi me tocó ser un rebelde o un soñador, y querer lograr cosas que no están a mi alcance. Pero me niego a aceptar que no pueda conseguirlas. Y eso me convierte en un desgraciado, porque las busco constantemente sin encontrarlas.

No más ayer, una chica me tomó la mano para leérmela, decía que eso se llama quiromancia. La única vez que alguien me leyó la mano hace tiempo, me dijo que tenía la línea de la vida partida, y que eso supone una muerte inesperada. Ayer, esta chica, al mirarme las líneas de la muñeca, me dijo con cara de asombro "a ti te ha ido muy bien en la vida". "Pues menos mal que me ha ido bien..." le contesté. 

Aunque no creo en estas cosas, indagué algo más sobre las líneas de mi mano, y he ahí la curiosidad, cuando me informaron que hay una línea que cuenta los grandes amores, y que solo iba a tener un gran amor en mi vida, a los 30 años. Justo con 30 años conocí a Blanca y compartimos seis meses... pudo ser un gran enamoramiento pero no un gran amor... que iba a vivir 60 años y que nunca me casaría, que tengo una gran energía vital... y un montón de cosas más o menos equivocadas.

A estas alturas podría decir que mi vida es un asco. Pero sería injusto, porque al fin y al cabo, tengo muchas cosas, y hay gente a la que le falta de todo. Así que tendría que decir que mi vida no es como la pinté ideal. Y que sigo buscando algo, que no sé que es... y sigo buscando, buscando y buscando, cada día de mi vida, sin encontrar nada.

He tratado de hacer como todos los mortales y entretener mis pensamientos en cosas poco trascendentes, en cosas que me gustan... vi una película, fui de compras, vi dos capítulos seguidos de la nueva temporada de Pérdidos, repasé los tiempos de los tests de Formula 1 en Jerez, leí la prensa, salí de copas con la sola intención de reirme... intenté evitar pensamientos más allá de lo material... pero al final acabé el domingo donde siempre, delante de un café en Picalagartos, recapacitando sobre donde voy... y como siempre en estos casos... preguntándome adónde irás.

Simplemente, decepcionado.

 

 

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