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Corazon de segunda mano

Sin novedad en el frente.

Pues últimamente apenas escribo. Hombre, podría estar contando las mismas cosas de siempre, una y otra vez, una y otra noche. ¿Que podría haber contado en este último mes? No sé, mi viaje a Alcaudete para ir a una boda, mi corazón desangelado al reencontrar los ojos de mi ángel caído, mi ruptura de relaciones con MJ para la eternidad, los reproches ignorantes por ello, o esa sensación que tengo últimamente de que todo el mundo me pide cosas pero nadie me da nada... al fin y al cabo lo mismo de siempre.

Es para cabrearse.

No me gusta hablar de política, pero la subida del IVA me ha indignado. Eso subirá los precios de todas las cosas, con lo que disminuirá el bolsillo de todos, por si acaso llegábamos a fin de mes o pagábamos la hipoteca.

Y es que tenemos un gobierno formado por una panda de inútiles e incapaces para dirigir un país. No sé si valdrán para otra cosa. Y es que hay algunos, como Leire Pajín o Bibiana Aido, que no las contratarían ni de dependientas en una papelería de barrio. Aunque la segunda sea mona.

Y un presidente que no sabe ni lo que hace.

Y me cabrea la teatralización para anunciarlo, saliendo seis ministros del ramo de los incapaces caminando en paralelo frente a las cámaras. Completamente estudiado.

Y lo pagamos todos los españoles.

Y también te fuiste...

Los sueños no tienen lógica. Supongo que es inútil tratar de darles una explicación, pero a veces reportan cosas llamativas, cuando menos.

Por eso, no entiendo por qué, después de salir de aquella boda, aparecí en otro lugar, parecido a una granja, con barracones prefibrados en color blanco sobre albero. Y allí estabas tú.

Y no huiste de mi como ella, sino que compartimos aquel tiempo, ignoro cuánto, felizmente. Y desperté con esa sensación de querer volver a dormirme para no perder aquellos momentos.

Pero ya en la realidad, tú también eres utopía, y debería prohibirte también acceder a mis sueños.

Y te habías ido...

Estaba repasando la lista de invitados, y me sorprendió ver su nombre, con todos sus apellidos, como yo lo conocía, casi como si fuera mío. Llevaba más de seis años sin verla. Tenía temor, temor por la incertidumbre de cómo sería el encuentro después de tantos años, si sería afable o tirante... ¿qué le diría? La Iglesia estaba llena y fue imposible ver a nadie, esperé a la cena.

Cuando buscaba mi mesa, la vi pasar por el medio del salón, sóla, pero muy segura de sí misma, con la apariencia de una persona que ha triunfado en la vida y se mueve con plena confianza en todo lo que hace, sin mirar atrás. La observé pasar a unos diez o quince metros, entre la gente. Ella no me vio a mi, pero debía haber leído la lista de invitados, igual que yo...

Me senté en el lugar que me correspondía, y traté de buscarla con la mirada, solo había seis mesas, aunque con más de quince comensales en cada una, y no la vi en ninguna. No me quedó más remedio que acercarme a la novia y preguntarle por su invitada. Entonces supe que se había marchado antes de la cena. Que había ido a la ceremonia para cumplir pero no se quedó al festín porque era la clásica invitada a quien quieres, pero no sabes con quien sentar, ya que la conociste en otro ambiente y no tenéis amistades comunes, por lo que ella misma se excusa.

Se fue sóla, pero segura de que era lo que quería, y yo me quedé allí, solo, completamente inseguro de mi mismo, y de adónde ir...

Sonó el despertador, y eran las 7.45. Otra vez te has colado en mis sueños aunque te lo tengo prohibido.

Otoño anuncia nada.

Esta tarde noche soplaba aire frío. Al salir del despacho me golpeó por sorpresa, y vi las plantas que moran en las macetas del patio agitarse a su son. No hubiera estado de más una manga larga. Es el otoño llamando a la puerta. En casa entraba frío por la ventana, y sin embargo, al cerrar, reinaba el calor.

Mis pensamientos caminaron hacia atrás, hacia otras entradas de otoños. El año pasado lo recibí ilusionado, y prometiéndome no tener que arrepentirme de haber dejado de hacer las cosas que quisiera hacer, de poco me ha servido... hace dos años lo empezaba en medio de una obra doméstica, viendo el DVD de Avería y redención, entre muebles apilados, después de quitar las sábanas que envolvían el televisor. Son las imágenes que se me vienen a la cabeza.

El otoño invierno es mi época preferida. Pero hoy empieza un otoño sin imágenes, con un futuro incierto. Y bueno, el año pasado empezaba uno lleno de ilusiones y proyectos que quedó en nada. Mejor los pies en el suelo.

MJ (Parte II o epitafio)

Primer fin de semana tras la reincorporación al trabajo.

Bajaba en un coche del Aljarafe, volvíamos de una fiesta en un chalet, de esas que tanto prometen y luego piensas que hubieras estado mejor en cualquier bar de la ciudad. Ocupaba el asiento trasero derecho, a mi izquierda un borracho insoportable, delante mía derecha otro borracho incontrolado, al volante, el único abstemio, conduciendo de tal manera, que a éste y al de la izquierda trasera se nos ponían las fatigas por montera.

No recuerdo el origen de la conversación, pero sí al conductor contando cómo él sabíay le habían contado que MJ se llevó a un tío a la cama en Conil, a uno que conoció sobre la marcha... debí haberlo sospechado después de aquellas palabras en Ylang... lo cierto es que a pesar de lo que escribí el último día, ese relato fue como una puñalada, a medida que lo escuchaba me iba jodiendo, por eso agradecí internamente que cesara porque decía "no poder contar más". Y es que aunque nadie en el coche conocía nada de mis dimes y diretes con MJ, se te queda la sensación de gilipollas... con uno que conoce una noche, y yo que me he tirado años cortejando, nada de nada...

Pues nada, más de lo anterior...

MJ

No sé si es que me gusta morir dos veces o es la simple necesidad de subsistencia.

Pero mentiría si dijera que mi viaje a Conil no tuvo nada que ver con MJ. Lo cierto es que sabía que estaba allí, y aprovechando que un amigo anda detrás de ella (otro iluso como yo), sabía que coincidiríamos varias veces. Y pensaba, que quizá esta vez, fuera del ambiente hispalense, con la playa como música de fondo, las cosas podrían ser distintas. ¿Dije iluso? No, sería más correcto decir capullo integral.

Lo cierto y verdad (estúpida expresión de moda), es que se dedicaba a hablar con todos mis amigos menos conmigo, se dedicaba a bromear con todos mis amigos menos conmigo, y cuando llegaba siempre se ponía en el lado contrario al que yo estuviera. Uno llega a ser tan estúpido que llega a pensar que es que es tímida. Pero la realidad es que puedo sentirme orgulloso, porque ella no me ignoraba, me tenía siempre presente para evitar cualquier conversación o cruce accidental conmigo. Siempre es mejor ser odiado que ignorado, significa que no eres indiferente a la persona.

Bueno, simplemente me ignoraba totalmente cuando ya se le acercaban los cuarenta buitres de la discoteca y desbordaba con ellos la simpatía que a mi me hurtaba.

A veces, en algún bar, tomando una copa, cuando cada uno en andaba en una conversación diferente con amigos comunes, mis ojos la buscaban mientras hacía que escuchaba a quien me hablaba, esperaba ver que me dirigía al menos una mirada, que desde donde estaba sus ojos me buscaban como los míos hacían con ella. Pero nada. Incluso el último día, cuando me iba a dormir porque horas después me esperaba la maleta y el coche, me despedí y la dejé con cuatro o cinco amigas en la calle. Al alejarme, siempre tengo la costumbre de volver la vista atrás cuando se trata de alguien a quien voy a echar de menos. Pero su vista estaba dirigida solo hacia el chico que le hablaba, y ni siquiera se acordaba ya, de que calle abajo, este prenda se alejaba con pasos despacios.

Tendré que rebobinar varias fechas atrás,  al 15-12-08, cuando escribí en este blog "que te den por culo MJ". 

Murió Conil de la Frontera.

Acabo de volver de Conil de la Frontera. Pretendía pasar unos días de ocio allá, de playa, tapeo, copas...

Pues bien, todas las cosas tienen sus ciclos, todas las cosas: bares, establecimientos de ocio, publicaciones... y playas.

Cuando un sitio es bueno y merece la pena, empiezan conociéndolo unos pocos privilegiados, es el mejor momento para disfrutarlo. Después, va atrayendo a más gente que oye hablar a los primeros y empieza a llenarse. Cuando las voces se extienden, llega la marabunta y acaba con el ciclo infestándolo todo. Entonces, mientras devoran lo que queda, es mejor huir a otro lugar.

Tengo la sensación de que eso ha ocurrido con los veranos de Conil de la Frontera. Recuerdo una playa llena de chicas guapas, gente agradable por cualquier calle, excelentes lugares para cenar con trato personal, y bares nocturnos con especial encanto gaditano.

Ahora la palabra es masificación. Ni un hueco en la playa, ni un hueco en las cafeterías, ni un hueco en los bares, congestión peatonal. Podríamos decir que la masa puede ser calidad y no tiene que ser mala, pero... los canis y niñatos han tomado el pueblo, la música ruidosa y la chabacanería. Abunda la gente sin educación, que no se entera de que hay más personas con las que convivir, los vándalos, y lo más molesto, los buitres a la caza de sexo fácil, y sus correlativas pelandruscas.

Había cincuenta tíos por cada tía. Realmente, no puedo ni creer que eso guste a las mujeres. Puedes salir con unas amigas, entras en un bar, y en diez metros que recorres de la puerta a la barra, cuarenta tíos, cual buitres hambrientos y desesperados, ya han metido las narices intentando ligar con ellas y levantártelas. Quizá jode más que ellas les hagan caso.

Desde luego, que no vuelvo más a Conil en verano. Como no sea en primavera...

Todo es susceptible de empeorar.

Cuando se te acaban las balas y estás rodeado. Y ayer fue, cuando me quedé con cara de imbécil. Como quien no quiere la cosa, pregunté sutilmente, a un amigo sobre mi camararera preferida, y me respondió que mi amor platónico tiene novio y que vive con él hace años... Ya hace un año o dos me dijo alguien que tenía pareja, pero como siempre la veía sola y nunca acompañada, pensé o quise creer que era cosa del pasado, y guardaba mis esperanzas, pero no, no solo tiene novio, además es que vive felizmente con él hace años... al recibir esa respuesta, hice como fuera algo irrelevante para mi, que solo lo pregunté por curiosidad, y para simular, suelto una broma y me rio alegremente... por fuera, interiormente me pongo la medalla de "tonto del culo de año", equiparable a la del cliente del mes de telepizza.

Y se te queda cara de gilipollas porque miras hacia atrás repasando las veces que has organizado la tarde de modo que pudieras verla un ratillo, o te comportabas de modo que pudieras intercambiar algunas palabras con ella, y en la cantidad de momentos en que te has ilusionado pensando en ella, o en los que te has desilusionado por no lograr un acercamiento cada semana que pasaba, o imaginabas ser correspondido... pero los tontos del culo nos creamos unas películas antes de preguntar lo más importante... y en el mismo momento en que yo soñaba con ella al irme a casa tras verla, ella estaba abriendo las piernas al hombre de su vida... Al final va a tener razón aquel amigo que me decía que yo terminaba las relaciones antes de empezarlas... al menos me queda el respiro de que al no haberme atrevido a invitarla a algo, he evitado el palo, aunque no he evitado el ridículo... de cada semana echándole el ojo, de lo que ella era perfectamente consciente.

A empezar otra vez de cero. Un profesional del fracaso anticipado no debería tener poblemas con ello, no, realmente no lo hay. Ayer si me acosté insultándome a mi mismo, y jodido, y preguntándome por qué siempre llega el fracaso antes de saborear la primera miel, y recontando aquellas personas de las que estuve enamorado y que por no quererme, sin haber tenido nada con ellas, tenía que eliminarlas radicalmente de mi vida para no tener que contemplar mi derrota... otras veces ni siquiera me han dado esa oportunidad, como la cabrona de Blanca.

Pero mi cuerpo está ya hecho a estas cosas, y lo asimila, no es que no joda, claro que jode, es que se soporta como un gaje más del oficio que elegimos. Y no sé por qué, eso que tanto te jode, lo asimilas como algo normal.

Y todo esto me llevó a una reflexión. Y es que siempre ando buscando a mi media naranja, treinta y tantos años largos ya, porque es el hueco que siempre me ha quedado vacío en la vida. Y a estas alturas, ando entre la aceptación de la realidad de que no existe, ni llegará, y la falsa esperanza de que en algún lugar estará, para mantenerme vivo.

Lo cierto es que ya no tengo ni con quien soñar, y esa desesperanza, es más jodida que cualquier otra cosa... así que no sé, todo es susceptible de empeorar.

Vacaciones detrás de la puerta.

Tal día como hoy, hace seis años. 31 de julio, el día universal de vacaciones para todos los supervivientes de mi profesión. Tal día como hoy, hace seis años, salí por la puerta del trabajo a eso de las 21 horas con la idea de desconectar durante 31 días, y lo primero que hice fue tomar el coche, y enfilar esa sucesión de calles y enlaces de autovías para caer en la Autovía de Málaga y tomar el desvío de Sevilla Este. Aún tenía el viejo utilitario, aunque por aquel entonces creo que cogía el coche de mi padre.

Y me detuve en el lugar de siempre, al otro lado del descampado, buscando una casualidad, y encendí un cigarro. Cuando lo apagué, di alguna vuelta a la rotonda, y volví a casa.

Hoy, salí por la misma puerta, a las 21 horas, con 31 días por delante pero con 31 kilos de papel bajo el brazo... y sin la posibilidad de desconectar. Cogí el coche, esta vez mío, y un peldaño superior al de aquella época, y enfilé las avenidas que me llevan a casa, a Nervión. Porque no tenía adonde ir.

Y por el camino iba recordando lo que había hecho hace seis años, lo rápido que pasa el tiempo, la falta de compasión de la vida... y mi soledad, por tu culpa, por la mía, o por lo que me rodea desde entonces. Dejé el maletín y me fui al Corte Inglés a buscar unos zapatos.

Con 31 días por delante.

Me gustaría...

Pasando una de las peores semanas del año. Espero que no deje secuelas para lo que tenga que venir.

 

Me gustaría estar sentado, viendo pasar el tiempo que encierra una tarde, me gustaría… Allá donde todo lo demás deja de importar hasta el día siguiente, donde la felicidad dura un instante fugaz, donde todo importa poco, pero un poco importa todo.

 

Sin embargo, no estoy allí, estoy sentado delante de un ordenador, solo, y me escuecen los ojos. No funciona la conexión a Internet, y las alternativas, con la guitarra rota, eran ver “Cadena Perpetua” por tercera vez, o ponerme a escribir. Vuelvo a poner música, para dejarme llevar.

 

Me detengo a pensar en el tiempo, en ese que transcurre con los días y no perdona nunca, excepto a ti… que permaneces en el mismo sitio viendo los cambios, esperando que mute lo que desearías que permaneciera junto a ti para siempre… sabiendo que es inevitable verlo marchar. Que todo gira menos tú… Me gustaría…

 

Y pensé escribir una carta al pasado, para saber cómo me recibiría después de haber sido ingrato con él, pero lo dejé anotado entre las cosas pendientes de hacer que nunca debería hacer. Porque solo es una vía de escape, un placer momentáneo por el que otros pagan el precio, mientras mi cabeza permanece en otro lugar, donde no es bien recibida.

 

En el lugar donde ves pasar el tiempo lentamente, sin importar nada… Me gustaría…

¿Gustamos?

A todos nos gusta pensar que gustamos. 

Y a veces, al relacionarnos con alguna chica, pensamos que está coladita por nosotros. Y hay gente que lo presume abiertamente "¿esa? está loquita por mis huesos", arriesgándose al ridículo más espantoso. Porque luego resulta que no es verdad, que simplemente era nuestra equivocada percepción. Y hay gente, como yo, que aunque lo pensemos, nos lo callamos, porque así no hacemos el ridículo, y solo nos llevamos luego la decepción, pero eso nadie lo ve. Eso lo paseas tú por dentro en medio de la gente.

Pero tenemos, no sé si es por la cosa natural de querernos a nosotros mismos, o porque nos creemos que somos mejores de lo que realmente somos, esa tendencia a pensar que muchas de las chicas que nos hablan, se sienten atraidas por nosotros.

Y así de estúpido es, que cuando esa camarera de Moderniste me decía algo, o bailaba detrás de la barra mientras me decía "si no bailas no te sirvo", pensaba que se había fijado en mi, y que cuando nuestras miradas tropezaban accidentalmente por el bar, que solo tenía ojos para mi, y cuando se sentaba cerca mía, que andaba buscando mi conversación....

Pero todo era tontería, que solo me miraba porque yo la buscaba con mis pupilas y ella tenía la reacción natural que tienes cuando alguien te mira, que es devolver la mirada, Que solo era agradabilidad hacia un cliente, que se ha vuelto más áspera cuando ha notado que me fijaba en ella, que ya apenas me dice nada, que me atiende con frases lacónicas y faz seria, sin esbozar una mínima sonrisa, que ya no me dice aquello de "si no bailas no te sirvo", que si la busco con la mirada y se da cuenta muestra indiferencia y mira a otro lado, y cuando me cruzo con ella tira para el lado contrario... Vamos, casi lo mismo que mi platonía de Picalagartos.

Y yo que pensé que le gustaba a aquella chica... pero que estúpidos somos los seres humanos...  

El dinero y las mujeres.

Algo he escrito sobre la cajera que me atiende en el banco. Una chica muy mona, que salvo el trato afable al cliente que debe tener todo empleado de la entidad, nunca me ha mostrado un solo signo de haberse dado cuenta tan siquiera de que soy una persona del sexo contrario, y de que, como decía un amigo mío, me gustan las hembras (comentario que le valió que lo tachasen de machista).

Más bien, lo contrario, así, recuerdo aquella vez que llegó mi turno, después de esperar a dos o tres, y se levantó de su asiento y se fue a arreglar no sé que problema que había surgido dejándome con dos palmos de narices, o aquella vez que le pedí que los billetes fueran más grandes, y con un tonillo de menosprecio, me contestó que para las cantidades que yo movía no podía pedir billetes grandes... ¡ah! y cuando terminaba la operación, y yo me quedaba repasando en la ventanilla, ella se iba a sus quehaceres sin prestarme atención...

Iría más allá, creo que hasta le caigo mal. Y eso que una vez me la encontré en un bar, y al saludarme, parecía sonreir sinceramente, si bien, yo saludé y pasé de largo, no por antipático, sino que no se me ocurrió qué decirle, mi falta de espontaneidad...

Pues en los últimos días tuve que pasar por el banco a cobrar algunos cheques de cantidades altas, y no porque me haya hecho rico. Y debe haber pensado que estoy forrado... que ahora hasta me mira a los ojos cuando me dice "Hasta luego"...  Y es que hay algo que siempre mueve a algunas mujeres, que no generalizo...

 

 

Las chanclas

El pie, es la parte del cuerpo que más sufre, por su función, y por tanto que más hay que cuidar. Además está en contacto permanente con la suciedad del suelo y es una de las partes del cuerpo que más suda. Y consecuencia de ello, el pie es la parte del cuerpo menos bonita, que más huele, e incluso diría, más antiestética.

Por eso, por estética, y por delicadeza hacia los demás, el calzado debe ser cerrado. Y por eso, nunca he usado chanclas. Odio las chanclas. Y aunque puedan tener su justificación en una piscina o playa, yo en esos casos, opto por las zapatillas de esparto.

Y pueden no quedar mal en las mujeres. Pero quedan fatal en los hombres. Por eso no aguanto la moda que hay ahora de llevar chanclas. Hemos llegado al mal gusto de que los hombres llevan chanclas para todo, ya no solo para la piscina, sino para hacer vida social: salir a dar un paseo por la tarde, para ir a bares o restaurantes, para las reuniones del comunidad, e incluso para ir a trabajar si es compatible, o para ir a Misa, los que van... Y eso es de un pésimo mal gusto, Incluso he llegado a ver a más de un señor acudir a un juicio en chanclas. Hombre, no te pongas corbata si no quieres, pero al menos ante el juez, preséntate con zapatos.

Pero el gusto ya no es pésimo sino aberrante, si a las chanclas le sumas esos pantalones cuyo largo es a mitad de las espinilla. Lo que en las mujeres se llaman pantalones piratas. Pues esa es la moda. Salen los tíos con los pantalones pirata y las chanclas. La antología del mal gusto. El paradigma de la falta de estilo. No sé si es una horterada o una mariconada. Pero se los ponen y se creen encima que están guapos, y se pasean con el modelo por todos lados, que solo me falta verlos así en bodas, bautizos y comuniones... Y están por todos lados, como una puta plaga.

A mi me educaron en que en cada sitio hay que saber estar, y dentro del saber estar va también la forma de presentarse. Y siempre he dicho que una de la mejores virtudes de una persona es saber comportarse en cada sitio como corresponda, saber estar. Y eso, está reñido con llevar chanclas y pantalones piratas a determinados sitios. Y a los que se puede llevar, está reñido con el buen gusto.

Pues pasaba ayer por El Corte Inglés, en rebajas, y los hombres se agolpaban en los estantes de chanclas eligiendo unos y otros modelos como el que elige camisas (yo las veo todas iguales), y probándoselas sin protector (medida de higiene básica en cualquier zapatería)... eso sí, no le faltaba a ninguno su pantalón pirata.

Es tan ridículo que te eche de menos.

Atravieso la puerta. Siempre lo hago dirigiendo la vista hacia el fondo. Pero ha llegado el calor, y ya no está. Las sillas están vacías, los espacios se hacen grandes y el tiempo más corto.

Ocupo una mesa, con la misma orientación que si estuviera, conservando el mismo rito, encediendo el mismo cigarro frente a un vaso de cristal y mi amigo rellenando el sudoku.

Ahora pienso qué imbécil por mi parte mostrar tal disposición, cuánto podía incomodaría, y me siento ridículo a toro pasado. Era evidente cuando evitaba mirarme. Y sin embargo no podría evitar volver a hacerlo. 

Continuo la conversación, minutos, horas... una copa sucede a otra, el cenicero se va llenando de colillas, pero a diferencia del invierno, al levantar la mirada, no encuentro la suya esquivándome.

Me levanto y pago mi cuenta. Me marcho. Me pregunto si será muy largo el verano. Por qué la echo tanto de menos. Si volverá cuando los días se acorten, y qué será de ella entonces, porque yo sé que seguiré aún igual. Y si aún conservaré la posibilidad de que ocurra un milagro, porque las posibilidades reales nunca las he tenido.

Y después de esto, solo puedo pensar cuan ridículo soy... 

 

 

Que no pase el tiempo.

La semana pasada me encontré a un amigo al que hacía año y medio que no veía. Era alguien con quien salía mucho, y de repente, se esfumó. Perder a un amigo con el que sales todos los fines de semana tiene un precio inmediato en el calendario de planes y cosas que hacer, especialmente a los treinta y tantos largos. Sin embargo, no he pagado un alto coste por ello.

Una semana después del encuentro, me vino a la memoria la casa donde él vivía en la época en que quedábamos, casa en la que hicimos alguna fiesta, y sentí añoranza. Pero no echaba de menos a mi amigo. Lo que echaba de menos es que el tiempo hubiera pasado. Que siguiera pasando, que no se hubiera quedado detenido en los buenos momentos.

Me he dado cuenta de que lo que realmente me preocupa es que el tiempo pase. Yendo más allá, me he dado cuenta de que lo que quiero es que nada cambie. Que todo siga igual a mi alrededor. Que permanezca siempre. Porque los cambios son un trayecto hacia algo que va a ser peor mientras no suceda nada que de un giro vertical a mi vida. 

Que nada cambie mientras no ocurra algo que la haga mejor. Cuando ese cambio suceda, ya todo puede evolucionar, ya puede cambiar, ya no tendré que sujetar el tiempo. Porque entonces, venga lo que venga, será bueno.

Creo... 

Fin de la jornada.

Fue un día largo, no especialmente fructífero, y muy caluroso. Compartido con cuatro compañeros de profesión, dos casados y dos divorciados, siendo yo el único soltero. Me fastidió invitar a todos a café y no ser luego correspondido en lo que esperaba.

Llegué a casa con un ligero dolor de cabeza, pero con la sensación de haber quedado liberado de todo lo ocurrido en el trayecto de la jornada. Aún hacía bastante calor cuando me senté delante del televisor, con las piernas en alto, a "pasar de todo".

Hice unos cogollos con anchoas y un perrito caliente, mientras veía "Desafío extremo" en la cocina, una de las pocas cosas que me gustan en televisión, que terminaba a la par que mi melocotón.

Solo después de disfrutar de todo ello, al sentarme frente al ordenador, con la cama detrás, me paré a pensar, que me había faltado que una pareja me esperase en casa, con la que compartir esas cosas, y retozar después de la cena... Y me acordé de cuanto echo de menos verte, desde que subieron las temperaturas.

Y es que, aunque otras llenen espacios, el tuyo siempre está reservado. 

 

La guerra civil (I)

Quizá esto sea una de las cuestiones más espinosas sobre las que he escrito en este blog. Hay una cosa que siempre me ha indignado, y es que es muy frecuente que cuando alguien habla de la guerra civil española, reinvente la historia o la tergiverse en su propio interés, aprovechando que pocos son los que quedan que estuvieron allí, y pocos son los que se han informado sobre ella.

Cuando quieres saber algo sobre la guerra civil, el primer problema que te encuentras es que el 99% de los libros que lleguen a tus manos, estarán contaminados por la ideología del redactor, en consecuencia serán tendenciosos, tratando de pintar como buenos a los suyos y asesinos a lo otros, con lo que la información será subjetiva y parcial. Y ya no hablo de documentales o cine español... ya no es tergiversación sino pura demagogia. Y es que es fácil inventar cuando nadie de los que estuvo allí puede callarte la boca.

Cuando tenía unos 20 años, estando en la facultad de derecho, empecé a interesarme por saber qué había pasado en 1.936, para que unos españolitos nos pusiésemos a pegarnos tiros los unos a los otros, hasta que solo quedara un bando. Me parecía algo increible que en una época tan reciente y supuestamente civilizada, se hubiese llegado a tal extremo, y ese fue el origen de mi labor ilustrativa.

Comencé leyendo todo lo que llegaba a mis manos, empezando por enciclopedias, libros de historia, y continuando por novelas, memorias...  Como no, charlando con mi difunto abuelo, que estuvo en el bando rojo, aunque simplemente era un trabajador asturiano, que llego a estar preso y a punto de ser fusilado. No tuve la ocasión de charlar con mi otro abuelo, falangista activo, de camisa azul, pues murió cuando yo tenía tres años, pero sus historias fueron perfectamente suplidas por los relatos de mi madre, contándome como era y como fue también perseguido por los rojos para matarlo.

En aquel afán por saber llegó a mis oidos el nombre de una novela, una trilogía, de la que decían era la narración más imparcial que podía encontrar de la guerra civil. Sería largo contar como una persona que luchó en la guerra puede ser imparcial, eso lo dejo de momento. Lo cierto es que logró contar la verdadera historia, y eso es lo importante. José María Gironella, catalán, escribió 3.000 páginas, en una trilogía: "Los cipreses creen en Dios", "Un millón de muertos", y "Ha estallado la paz". Aunque solo encontré los dos primeros en la vieja biblioteca de mi familia, con las páginas amarillentas y polvorientas, fueron suficientes para decir que es una de las mejores obras que he leído nunca. Narra la preguerra, la guerra y la posguerra en cada una de sus partes, y siempre lo recomiendo a quien quiera conocer que pasó de verdad en aquellos años, no las verdades parciales que hoy nos cuentan.

La guerra la ganaron los nacionales, la perdieron los rojos. Cada uno tenía sus razones. Y es que cuando dos se enfrentan cada uno defiende lo suyo. Lo demás que os digan es mentira. En una especie de resarcimiento moral, cuando la gente de izquierda resucita el tema a nivel político, los de derechas callan y no responden. Pues bien, es una especie de pacto tácito, una especie de compensación por las heridas causadas.

Pero lo que quería decir, es que hay muchas mentiras y tópicos en torno a la guerra, sobre los que me gustaría escribir. Por hoy me limitaré a decir, que el origen de la guerra, te digan lo que te digan, el origen real, fue la pobreza, las grandes desigualdades sociales, que hacían que pocos tuvieran mucho y muchos tuvieran muy poco. Ese fue el germen de la conflicitividad social que daría lugar a los enfrentamientos, y a una guerra en que los dos bandos mataron y dañaron por igual.

 

  

 

Miércoles

Estaba ahí, observando como se iba un día más. Uno más. Recién cobrado mi trabajo, con la posibilidad de inventarme unas buenas vacaciones pero sin la motivación suficiente, de momento. Decidí que mañana me daría un capricho, compraría Dolce Gabbana, ya se me ha acabado el frasco que compré hace un año en Santa Cruz, y que solo usaba los sábados... ¿me estaré volviendo pijo? Repasé mi agenda de teléfonos, no sé para qué... no estaba tu número. Me senté a escribir y no tenía nada sobre lo que hacer girar las letras. Y al final del día, recordé aquello que hacían en el Opusdei al final de cada día. Decían "examen" y se hacía el silencio por unos minutos, en que cada uno repasaba mentalmente lo que había hecho mal o bien durante la jornada y qué propósito debía en consecuencia ponerse para el día venidero. Creo que me sería muy útil volver a aquello, trasladándolo de la religión a mis mundanas vivencias.

Hay que seguir en ello...

Sólo pueden contigo, si te acabas rindiendo
Si disparan por fuera y te matan por dentro
Llegarás cuando vayas, más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.

Rosana (Llegaremos a tiempo).

http://www.goear.com/listen/39124de/Llegaremos-a-tiempo-Rosana